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Vigilantes de la posteridad

Por: Redacción 03/07/2016

Por las ciudades y veredas del planeta han vivido personajes famosos y competentes, inagotables lumbreras del pensamiento ilustrado, hombres venidos a la sociedad mostrando el camino, escoltando el idea. Estos faros arrojando luz traían consigo la liberación del mundo futuro, evitando caer en las tristes e improvisadas manos de la desobediencia carente de la cualitativa voluntad.

Hemos heredado de la historia los tesoros sublimes en perfecta evolución del pensamiento sagaz y enhiesto, mentores amables de creatividad creciente de la humanidad, que promovieron el quehacer del individuo pensante en aprehensión endiosada, hechas joyas preciosas para heredarlos en bandejas de oro, puestas a disposición de la perpetuidad: Grecia, Roma y Francia. Citaré algunos prohombres que incentivaron sus ideales colocados a la orden del sujeto estudioso venidero. Hombres descendientes de fértiles relieves categóricos, llegados a proliferar los sortilegios amorosos con el ser que crecería en el futuro desconocido.

He leído sus análisis revestidos de curiosos resplandecimientos con los lustres demostrativos que adornarían el hermoso porvenir: Platón, escritor y filósofo griego, basó su pensar en la honestidad y desinterés. Aristóteles, el hombre se realiza plenamente dentro del Estado, según lo expone en su obra política donde el fin supremo descansa en el desarrollo intelectual. Rousseau dijo "el hombre es naturalmente bueno que la sociedad corrompe". Catón, político y escritor romano llamado el Censor. Maquiavelo, mentor de la aplicación realista en los análisis del poder. Montesquieu: en "El Espíritu de las Leyes" elaboró la teoría de la división de poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

En el siglo XX en nuestro país, descollaron las voces distinguidas de cerebros destacados que dijeron presente en el claustro escolar y más tarde en la Asamblea Nacional. Ellos fueron portadores de la presea antigua y medieval y, para ponerla en actualidad en pleno siglo veinte enfilaron la indeleble palabra: Italo Zappi, Homero Velásquez y Pancho Pardini, sometieron en sus gargantas encantadas el verbo cauto de excelente perfil, para dejarlo en libertad a la hora indicada, donde el mensaje estaba cubierto de elocuencia también de gloria inmaculada, términos lanzados por espíritus atractivos generadores de la célebre eminencia.

Pienso que en mi peregrinar por la vida, jamás me encontraré con ejemplares fascinantes de dignos linajes y lenguajes solemnes como ellos, que anunciaron la llegada de la escalofriante tempestad. En mi adolescencia, Pancho me decía "fratello", como si hubiésemos nacido entre las caricias de un mismo vientre iluminado.

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Viernes 24 de julio de 2026