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Villancicos o cantos sencillos de Navidad


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / Sacerdote jesuita.

Hasta el más pobre o más sencillo, a su manera, adorna su entorno, para sintonizarse con el periodo de Navidad. Ya no se trata de algo externo. Se trata de esta época de final de año que asimismo coincide con la celebración cristiana de la Navidad. Se trata de una celebración más bien religiosa, el recuerdo de la primera venida de Nuestro Redentor y Salvador, Jesucristo. La Encarnación de Dios manifestada en una pequeña criatura. ¿Cómo puede ser que lo que entendemos por Dios, el Ser Supremo, nuestro Creador de cielo y tierra, creador de todo lo visible e invisible, se nos presente como el ser más desvalido que es un bebé recién nacido. Un misterio.

Por otro lado, misterio fundamental de nuestra fe cristiana para el cual, para aceptarlo necesitamos la gracia especial de la fe. Tratar de buscar explicaciones es de no acabar. Navidad es el momento de renovar nuestra creencia de que el Dios Omnipotente lo quiso así y por amor a nosotros, al hombre y la mujer, se hace hombre. Se hace uno de nosotros y qué somos nosotros pues basta analizarnos somáticamente y somos una lista de debilidades que para que contarlas y si vamos al terreno de lo sicológico e intelectual, nos damos cuenta que sabemos muchas cosas,

sobre todo historial, pero adolecemos de la pereza mental para analizar tantas cosas de la fe y de la vida, no ya de los aspectos científicos de los diversos campos del saber. Solo basta con pensar una explicación aceptable sobre las causas de las inundaciones con todas sus secuelas.

Somos como dice el salmo, poco menores que los ángeles. El mismo ser humano que triunfa en las universidades o el último de los internos de nuestras cárceles y hospitales y ancianatos. El mismo hombre. Y el verbo se hizo hombre. Todo este alboroto publicitario donde Navidad es bulla, es música, es comida, es gastar lo que se tiene y lo que no se tiene o se debe, es desviar el sentido de la Navidad. Es paradójico que los que más se benefician económicamente de La Navidad son precisamente los que no creen en la Navidad, como debe ser. Entonces es cuando balancean sus inversiones. Por tanto, renovemos y ayudemos recordando los villancicos como Adeste Fideles Laeti Triumphantes y la Noche de Paz que ya casi no se oye y vivamos tranquilos sin nada que lamentar que lo que comienza como una fiesta religiosa termina con uno en el hospital por excesos en la bebida y en la comida.

Todo lo contrario que ojalá sea un encuentro con uno mismo o con los amigos a quienes les llevamos un mensaje de solidaridad y de compañía si están enfermos. Felicidades a los amigos de esta columna.

Sacerdote jesuita.

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Lunes 17 de agosto de 2026