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Violencia


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Desde 1985, la Organización de Naciones Unidas ha tratado el tema de la violencia hacia la mujer, considerando que el problema de malos tratos, acoso sexual, desigualdad laboral y crímenes se ha extendido por el mundo entero. En una de las primeras declaraciones de la ONU se establece que “se ejerce en diversas formas la violencia contra la mujer en la vida cotidiana en todas las sociedades. Hay casos de mujeres golpeadas, mutiladas, quemadas, explotadas sexualmente y violadas. Este tipo de violencia constituye un obstáculo para la consecución de la paz y otros objetivos del Decenio, y hay que concederle especial atención”. En la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer” de la ONU se avanzó en manifestar que la violencia contra la mujer es una violación de sus derechos humanos.

Desde la perspectiva panameña la pregunta actual es qué ha hecho la sociedad para desarraigar la lacra de la violencia contra las mujeres. Luces y sombras se mezclan en una respuesta de tipo integral. El sistema de enseñanza superior coadyuva decisivamente en la jerarquización de la mujer panameña al aportarle opciones en el ejercicio de profesiones a las que accede en nivel ascendente. El ascenso intelectual refuerza la toma de conciencia de sus derechos y deberes en la sociedad y morigera las agresiones físicas, morales, psicológicas, sexuales. Las panameñas profesionales son autosuficientes económicamente y tienen capacidad para anular la dependencia civil de un compañero que le inflinja maltratos a su integridad física y psicológica. El desbalance aparece en las mujeres sin educación, dependientes del mantenimiento de la pareja, o, en otros casos, obligadas a oficios menores. La violencia intrafamiliar se concentra en los sectores de pobreza y desestructuración familiar.

Los expertos de ciencias sociales diagnostican que en Panamá la violencia contra la mujer adquiere una dimensión de carácter epidémico, como indican las estadísticas. El análisis de las estadísticas lleva a identificar a los protagonistas masculinos de la violencia intrafamiliar como productos de un fenómeno cultural de índole machista que requiere una investigación interdisciplinaria.

El machismo está omnipresente en una cultura distorsionada que trata a la mujer como objeto del cual puede disponer a su antojo. La subvaloriza como trabajadora, profesional, política, en suma, como un ser inferior por su naturaleza. Mientras no se produzca un cambio cultural entre los varones alienados por la hipótesis de su superioridad, la legislación proteccionista de las panameñas surtirá dudosos efectos, tal como lo señalan recientes asesinatos de universitarias y mujeres de sólida cultura.

El problema radica en la cultura machista ramificada en diversas capas sociales. Una cultura machista que se expresa en familias, ocupaciones, sexualidad agresiva, salud física y mental, subordinación psicológica, minusvalorización económica. Para llegar a la adopción de frenos contra la violencia, conviene investigar los estereotipos culturales del varón panameño.

La violencia implica la existencia de verdugos y víctimas. Las acciones policiales, las sanciones penales, las leyes protectoras, se basan en hechos lamentablemente realizados en menoscabo de las mujeres. El cambio de mentalidad es complejo; tiene raíces culturales difíciles de extirpar. Pero hay que trabajar en ello sin demora.

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Viernes 14 de agosto de 2026