Violencia contra la mujer y feminicidio
Se ha enseñado erróneamente por siglos y siglos que el hombre manda y que la mujer obedece, llegándose al hecho de que si no obedece se le hace obedecer; que a la mujer no se le permite lo mismo que al hombre porque, simple y llanamente, ella es mujer, no otra cosa. Y es que esto tiene una clara raíz histórica, que se enmarca en lo que se denomina la sociedad patriarcal. En la actualidad, este modelo de familia patriarcal puede parecer algo desdibujado, luego de siglos de luchas de la mujer por emanciparse; en sus inicios, convirtió a la mujer en objeto propiedad del hombre, el patriarca. Así pasaba de las manos del padre a las del esposo, teniendo ambos plena autoridad sobre ella, pudiendo decidir, incluso, sobre su vida.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, múltiples organizaciones feministas empezaron a denunciar la violencia contra la mujer. La Organización de las Naciones Unidas declaró el periodo 1975-1985 como el Decenio de la Mujer. En 1976 se establece el Tribunal Internacional de Crímenes contra las Mujeres en Bruselas, siendo la primera vez que se tipificaron como crímenes diferentes ejemplos de violencia contra las mujeres. En 1979, la Asamblea de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y en 1980 se celebró en México la I Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer, y al año siguiente la Convención para Erradicar la Discriminación contra la Mujer (CEDAW), lo que impulsó medidas legislativas y modificaciones de códigos penales en diferentes países.
En Panamá aumenta el número de mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas. Algunas fuentes, como la Organización Mundial de la Salud, destacan que entre 35% y 55% de las mujeres en el país han experimentado algún tipo de violencia de forma directa en sus hogares por parte de conocidos, que van desde el padre hasta sus cónyuges.
El último Informe Mundial de Incidencia de Violencia Doméstica del Instituto Reina Sofía, de España, 2010, da cuenta de que Panamá era uno de los 20 países con peor situación en cuanto a este tema, y se ubica por encima de México y Brasil, con indicadores semejantes a países como España, lo cual para un país tan pequeño como el nuestro es algo muy grave.
Lo terrible de esta situación son las secuelas en nuestras casas, lugares de trabajo, escuelas, y la gran cantidad de efectos como problemas de conducta en niños, adolescentes, daños a la salud física y mental, falta de tolerancia, problemas de aprendizaje, embarazos precoces, adicciones, abusos sexuales, en fin, la violencia contra la mujer en el hogar está asociada a una cultura machista que no es fácil de romper. Y no puede ser de otra forma cuando existen autoridades, policías, jueces, fiscales y una amplia gama de funcionarios que son parte de esta conducta; una cultura que la valida, justifica, refuerza y perpetúa al máximo.
En Panamá, la violencia contra la mujer tanto en el hogar como en las relaciones de pareja están indisolublemente ligadas: para que haya un feminicidio primero hubo maltrato, y es así que, desde 2008, las cifras de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas se desglosa de la siguiente manera: 2008, 42 mujeres asesinadas; 2009, 54; 2010, 46; 2011, 51; 2012, 53 y 2013, 30 (hasta lo que va del año), para un total de 276 mujeres asesinadas, lo cual para un país tan pequeño como Panamá representa una cifra escandalosa.
El feminicidio es el homicidio de mujeres motivado por su condición de mujer, por no cumplir con su “papel de mujeres”, por no ser “complacientes como mujeres”. A todas luces es un término más concreto que el de homicidio y permite hacer visibles las verdaderas motivaciones que se encuentran en la base de una amplia gama de los homicidios de mujeres, como son la misoginia y el machismo; lo que convierte a este hecho en la modalidad más extrema de violencia contra la mujer. Registros mundiales dan noticias de una gran cantidad de mujeres que mueren después de ser víctimas de violencia sexual, psicológica, física, patrimonial; en cambio, las mujeres que en una situación tal asesinan al compañero lo que buscan es romper con la situación, en defensa propia.
Las mujeres víctimas no poseen un perfil único de rango de edad ni de condición socioeconómica. Sin embargo, existe mayor incidencia en edad reproductiva. Los autores de los crímenes tampoco responden a una especificidad ya que estos actos pueden ser realizados por personas con quienes la víctima mantiene un vínculo afectivo, amical o social, como por ejemplo familiares, parejas, enamorados, novios, convivientes, cónyuges, exconvivientes, excónyuges, vecinos, compañeros de trabajo y de estudio o por desconocidos para la víctima.
La violencia es el primer problema de salud pública de nuestro país, se aprende y por la misma razón se puede y debe desaprender, y la cultura de la violencia va más allá de eso, ya que nuestra cultura tiene como uno de sus deportes nacionales el boxeo, y que algunos de los grandes de nuestra sociedad son boxeadores (algo que es realmente una desviación social); qué más explicación que esta para darnos cuenta de que la violencia forma parte de nuestro diario vivir y por tal razón hay que acabar con la impunidad y el relajamiento de toda la población ante esto; no actuar a tiempo produce muertes, pero también las consecuencias terribles que siempre terminarán por cargar los hijos e hijas de estas mujeres.