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Visión y futuro de la constituyente

Por: Redacción 07/08/2014

Lo primero que debemos saber es quiénes piden una constituyente, “los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de corazón o los pobres en espíritu”, ninguno de ellos, sino los adversarios políticos de Ricardo Martinelli, que dicen que nuestra Constitución da tanto poder que le permitía y le permitirá a cualquier nuevo presidente meter sus manos en las otras instituciones para manejarlas como lo hace un pianista con las teclas de su piano.

La idea de la constituyente en esta vuelta nace para cortarle el poder a don Ricardo Martinelli y convertirlo en una estatua dentro del Palacio de las Garzas. Otro grupo de ciudadanos llamados los pensantes, libres de toda pasión política y partidista, con alta solvencia moral, profesional y técnica, sí esbozan la idea de una constituyente en busca de una equidad institucional.

Ricardo Martinelli ya no está y el escenario es otro, la vieja oligarquía ha decidido tomar el control del poder político para administrar el florecimiento de un nuevo Panamá, seguro necesitará poner en cintura a los cierracalles, hablarle al Sindicato Único de Trabajadores de la Construcción y Similares (Suntracs) para que saque sus movimientos de huelga de la ampliación del Canal, a las organizaciones magisteriales para que velen más por la calidad de la educación en lugar de competir por la dirección del ministerio, a las organizaciones médico-hospitalarias y a todos los huelguistas que tanto daño y martirio le causaron al gobierno anterior, al que ni su populismo ni su amor por el pueblo necesitado le valió la vuelta al poder, error que a nuestro juicio comete también el presidente Juan Carlos Varela al creer que dejar a las personas más humildes del país prendérseles al cuello y llenarlo de besos y caricias es señal de triunfo. ¡No, simplemente es señal de pobreza y nada más!; cuando las aguas se nivelen y la derecha muestre su verdadero rostro, sabrán primero que el que no trabaja no come y segundo, que no son amantes de tirar ni de recibir besitos.

NO PODEMOS HABLAR DE UNA CONSTITUYENTE PARA DESMANTELAR EL SUPUESTO PODER EXCESIVO QUE LA CONSTITUCIÓN LE CONFIERE AL PRESIDENTE SI LO QUE SE INFIERE DE NUESTRA CONSTITUCIÓN CON ESPÍRITU MILITARISTA ES UNA MANO DE HIERRO CON UN PRESIDENCIALISMO QUE SIMULE EL GUANTE DE SEDA.

Aquí hay una bonita oportunidad para que los ambientalistas se sienten a reflexionar con las nuevas autoridades con respecto al aumento progresivo de la población frente a la escasez de los medios de producción y subsistencia, porque de aumentar más la población, los parques naturales tendrán que seguir desapareciendo para darle cabida a ellos, mientras que la comida escaseará para darle paso a más bolsones de pobreza. En ese mismo sentido, los hermanos originarios tendrán que sumarse al desarrollo bajo una sola constitución y una sola bandera, porque Panamá es de todos los panameños. El turismo impulsará la riqueza del país con nuevos emporios que se levantarán por todo lo largo y ancho del Pacífico y del turbulento Atlántico.

Ahora me pregunto, ¿constituyente para qué? Si hoy es cuando más se necesita una voz de mando que ponga a todo el mundo a trabajar, a trabajar y a trabajar. En estas circunstancias no podemos hablar de una constituyente para desmantelar el supuesto poder excesivo que la Constitución le confiere al presidente si lo que se infiere de nuestra Constitución con espíritu militarista es una mano de hierro con un presidencialismo que simule el guante de seda.

En los tiempos de la revolución octubrina se le preguntó al general Paredes dónde está el poder real y él contestó “en la Comandancia”. El poder real tiene que estar en algún lugar, pero dadas las características bonapartistas de la derecha que en verdad nos gobernará, no sueñen que el poder real estará en la Asamblea, en la Corte, ni siquiera en el Tribunal Electoral que perderá su fuerza una vez se definan las impugnaciones y se establezcan las comisiones de trabajo en la Asamblea Nacional, porque lo que se vislumbra es que después de la implosión de los partidos políticos y que los diputados comiencen a declararse agentes libres, cesará el partidismo para darle paso a una nueva forma de hacer política, por reclutamiento, y percibo que su primer consenso será mandar la constituyente de paseo y esto no afectará en nada la institucionalidad, ella seguirá funcionando como mi viejo reloj que se me ha caído muchas veces y dañado otras tantas, pero sigue ahí, tic-tac, tic-tac, tic-tac, como la democracia.

 

 

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