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Visita de fe y esperanza para México


El papa Benedicto XVI en su visita a México tenía varias metas que cumplir, entre ellas, ganarse el afecto y la admiración de los mexicanos que, a pesar de que han pasado casi siete años de la desaparición de Juan Pablo II, aún lo recuerdan y veneran por las veces que visitó la tierra azteca.

No cabe duda que el líder de la Iglesia católica hizo su mejor esfuerzo para lograr ese cometido, pues se mostró receptivo con la multitud que lo recibió y que esperaba de él palabras de aliento y fe para seguir adelante en un país convulsionado por la violencia doméstica, el narcotráfico, la pobreza, la corrupción y la crisis de valores.

El simple hecho de expresar abiertamente sus sentimientos, hizo que muchos quisieran acercarse más a él.

Benedicto no dejó de lado los temas escabrosos como el narcotráfico y la corrupción; habló abiertamente de ellos, pidiéndole a los obispos que no abandonen a los marginados.

Y una prueba de ello fue la reunión que sostuvo con los familiares afectados por el crimen organizado.

Esta clase de detalles hacen que las personas vuelvan a creer y tener fe en Dios y en la Iglesia.

Al preocuparse de sus problemas le dan un espacio de tiempo que sienten que otros no le conceden y sienten que la Iglesia los toma en cuenta.

Se puede decir que Benedicto XVI caló muy fuerte en los mexicanos y que esta visita será recordada por años.

Ahora le queda visitar Cuba, donde la cantidad de católicos no es tan alta como en México.

Espera llegar con un mensaje de cambio para la Isla, que vive momentos difíciles en materia económica y política.

A diferencia de México, es posible que el actuar del líder de la Iglesia católica sea más cauteloso, pero con un solo fin, llegarle a sus miles de seguidores que esperan un momento de paz y sosiego en sus atribuladas vidas.