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Visita de Obama


REDACCION /

Se vislumbra un cambio importante en las relaciones de Estados Unidos y Centroamérica, como primer resultado de la reunión del presidente Barack Obama con sus homólogos centroamericanos. La cumbre fue precedida con la entrevista de Obama y el presidente de México Enrique Peña Nieto, augurio de un nuevo capítulo mexicano. Si situamos estos encuentros políticos de alto nivel dentro del marco de las modificaciones presentadas por el gobernante demócrata para elaborar un nuevo estatus de los inmigrantes latinoamericanos pendientes de su legalización podemos llegar a una conclusión positiva en las relaciones multilaterales.

El presidente Ricardo Martinelli expuso franca y directa un aspecto crucial de orden energético que carcome la oferta exportadora centroamericana: la venta de gas de Estados Unidos a Panamá y los miembros de la subregión en términos comerciales competitivos que lleven a una rebaja sustancial del precio de la energía eléctrica. Panamá ya ha dado los primeros pasos para acoger inversiones dirigidas a un incremento sustancial de la producción de gas, como parte de la estrategia en marcha para ampliar las fuentes energéticas.

Obama se adhirió el planteamiento de Martinelli, al destacarse que el precio de la energía en la región es tres veces más alto que en Washington. Otros temas como la necesidad de una coordinación más estrecha en la lucha contra el narcotráfico y las secuelas desatadas por el crimen organizado; la fortaleza del sistema de integración centroamericana. En una reunión con representantes de empresas privadas, Obama recibió iniciativas valiosas que tienen como eje la interrelación económica Estados Unidos-Centroamérica.

Cuando el sistema de integración europea atraviesa por un periodo crítico, se yergue el sistema de integración centroamericano como una alternativa viable, cuya solidez se afianzaría con la profundización de las relaciones comerciales con EE.UU. sobre acuerdos pragmáticos, como el costo del gas.

En las conversaciones con Peña Nieto, seguramente revisó el estancamiento del tratado de comercio conocido como el Nafta, concebido como un modelo de integración con México y Canadá, sujeto a correcciones. En el otro extremo, el Mercosur está virtualmente congelado por trabas de importación entre Argentina y Brasil. El Sistema de Integración Centroamericana puede extraer lecciones positivas de lo negativo, abandonando los estereotipos que corroyeron la relación con EE.UU.

Es el momento del desarrollo de economías de escala y de mecanismos que permitan trabajar el tema de los costos, incluyendo infraestructura física y la adopción de marcos de regulación necesarios para formar un mercado regional, expuso Obama. Panamá asumirá en julio la presidencia pro témpore del Sica y en octubre será la sede de la cumbre centroamericana. Con el liderazgo de Martinelli, la integración se canalizará en hechos puntuales, con prescindencia de las maratones de oratoria de otros foros. El uso intensivo de gas natural adquirido a precios inferiores a los de la energía hídrica y térmica podrá impulsar la capacidad productiva panameña a dimensiones imprevisibles. Países sudamericanos exportadores otras opciones dignas de considerar.

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Viernes 14 de agosto de 2026