Víspera de la conjura
Las memorias de José Agustín Arango reconstruyen el escenario que vivió Panamá el 2 de noviembre de 1903, víspera de la proclamación de la independencia. El entonces senador por el departamento de Panamá al Congreso de Colombia tuvo la convicción de que el rechazo del tratado Herrán–Hay desencadenaría el movimiento de separación de Colombia. La convicción del senador Arango se reforzó con la entrevista que tuvo con el doctor Manuel Amador Guerrero, quien le manifestó con vehemencia su resolución de actuar en concurso con otros panameños en la separación. Decidieron elaborar un plan secreto al que se sumaron Nicanor A. de Obarrio, Ricardo Arias, Federico Boyd, Tomás Arias y Manuel Espinosa. Acordaron formar parte de la junta patriótica que tomaría el control político de la nueva administración. Luego se incorporaron a la conjura Juan Antonio Henríquez y Carlos A. Mendoza, abogado de ideología liberal al que se encargó la redacción del acta de la independencia. La conjura fue iniciada por los conservadores, pero los liberales se unieron sin vacilaciones a la gesta patriótica. Ramón Valdés López fue comisionado para viajar al interior y preparar el ambiente favorable a la emancipación.
El viaje del doctor Manuel Amador Guerrero en busca de apoyo al separatismo istmeño tropezó con la revelación inoportuna de una persona que comentó al ministro colombiano Herrán que los panameños deseaban evadirse de Colombia después del fracaso del tratado. La indiscreción provocó la alarma de Herrán, quien imputó a empresarios norteamericanos el apoyo a la causa panameña. Se enfriaron los contactos de Amador Guerrero, razón por la cual regresó a Panamá. El señor Joshua Lindo le contó antes de partir que el ingeniero francés Buneau-Varilla podría interesarse en el movimiento. Se entrevistaron en el hotel Waldorf Astoria. Al principio los patriotas planearon ponerse en acción el día 4 de noviembre. Pero al amanecer del 3 conocieron la llegada a Colón de los generales colombianos Tovar y Amaya a la cabeza de 500 soldados que arribaron a bordo de las naves de guerra Cartagena y Alejandro Bixio. En esas circunstancias difíciles, el general Huertas decidió pasar a las filas revolucionarias y preparó un plan para aprisionar a los oficiales colombianos, operación llevada a cabo por el capitán Marcos A. Salazar con apoyo de 30 soldados.
Al conocerse la sorpresiva detención de los generales colombianos, el capitán del barco Bogotá dio un ultimátum a los conjurados de liberarlos en un plazo de dos horas bajo amenaza de bombardear la capital. Vencido el plazo, el Bogotá cañoneó la ciudad. Las baterías de Las Bóvedas respondieron el cañoneo y obligaron al Bogotá a retirarse a toda máquina. La reacción panameña conmocionó Colombia y motivó preparativos bélicos para destruir el movimiento separatista. Pero el coraje de los patriotas y la efervescencia del pueblo al conocer la detención de los generales colombianos y el rechazo al bombardeo del Bogotá crearon un escenario en el que todo estaba preparado para la consumación de la separación. Se probó que el valor humano derrota la fuerza de las armas cuando el patriotismo se pone al servicio de una causa noble. Se suspendieron las rivalidades políticas de conservadores y liberales. La unidad política forjada en la víspera de la ejecución del proyecto separatista constituye un ejemplo que no se debe olvidar.