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¡Vivan los dictadores!


Vautrin es un desvergonzado personaje de Balzac, y aconsejaba al joven ambicioso Rastignac, en una modesta pensión de París: “ El mundo es un lodazal. Pues bien, señor de Rastignac, trate a este mundo como se merece. Cuanto más fríamente calcule, más arriba llegará. Hiera sin piedad y será siempre temido. No acepte a los hombres más que como caballos de posta que puede dejar reventados en cada relevo, a fin de llegar a la cima de sus deseos. En París el éxito es todo, es la llave del poder”.

Recordaba a ese personaje de Balzac, oyendo hablar en el café a un decidido partidario de las dictaduras. Según ese señor, cuando un dictador gobierna con todos los poderes, el país marcha. El hombre defendía abiertamente la corrupción. Recordaba que durante la dictadura de Batista, Cuba llegó al máximo de su progreso. Todo el mundo trabajaba, no había desocupados, y los sueldos de los obreros eran muy buenos para esos tiempos. Los millonarios proliferaban, y a la presidencia iban a hablar con Batista los más altos representantes de las mafias que querían invertir en Cuba. El dictador, por supuesto, en aquella danza de los millones era el que pegaba la mejor mordida en los negocios realizados. ¡ Fue la bella época de Cuba! Se trataba sin escrúpulos y el país marchaba a todo vapor.

“Vino Castro -seguía diciendo el apologista de Batista- con su bárbara dictadura, con su cacareada honradez, que quería acabar con la corrupción, y acabó con el país.

En el café lo escuchaban con atención. Seguía hablando: “En nuestro país, los gobernantes por regla general, eran gente honrada: por eso el país marchaba lentamente. Llegó la dictadura y reinó el entusiasmo. Los gringos nos dieron toda la plata que quisimos. Antes se gestionaban modestos préstamos, que no alcanzaban los diez millones; entonces, los diez millones se los dejaban a quienes iban a gestionar los préstamos. Nos prestaban cientos, miles de millones”.

El hombre tomó un respiro y continuó: “ Fue verdad que, durante la dictadura, se gastaban cien millones en obras que costaban diez, pero se construía, se trabajaba bien con los militares. ¡ Fue también nuestra bella época! Los gobiernos corruptos dejan mejor al país que los gobiernos puritanos, que viven contando los reales”.

Yo recordaba, en silencio, los asesinatos horribles que se cometieron, los robos, las estafas, la liquidación de todas las libertades, los partidos políticos eliminados, los diarios de oposición cerrados, los torturados en las cárceles, los desaparecidos, los desterrados, los cientos de millones que se gastaron en Cerro Colorado y en el puente sobre el Canal, que no se construyó, en los nuevos ricos, en el centro activísimo de narcotráfico en que convirtieron nuestro país, en todo lo bajo y canallesco que nos dejaron en herencia…Con la vejez me ha dado por ser prudente. Me levanté y salí del café sin hacer ningún comentario…¿ Qué hubiera dicho usted, amigo lector?