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¡Vivir con dignidad o morir sin ella?


Los discursos superfluos, carentes de todo vestigio de credibilidad, esos que se lanzan como “cortinas de humo”, pretendiendo vender certeza, pero que cual humo así mismo se desvanecen, no pueden seguir siendo la tónica de ninguna forma de gobernar.

Por ello, debemos tener bien claro que hay que seguir denunciando los discursos huecos y atacar, en todos sus frentes, a la corrupción. Decía ayer, a un colega, que quienes están en actos de corrupción creen “saberlas y conocerlas todas”, sin darse cuenta o percatarse que la corrupción es subterránea y que les socava todo la contextura moral, hasta física y espiritual, con el lamentable hecho de que ni ellos mismos se percatan de este proceso de descomposición que termina socavando a las instituciones del Patria.

No puede ser cierto que un discurso de aparente moralidad se siga pronunciando y que cada vez más sean evidentes los actos de irregularidades en trámites y procedimientos que dan fe notarial de que se están haciendo cosas muy malas y feas en detrimento de la seriedad a las que debe seguir cada entidad e institución del Estado.

Así no se construye Patria. La Patria se hace cada día. Se edifica en cada acto de sus hijos e hijas. Se engrandece o empequeñece conforme sean los contenidos éticos o antiéticos de nuestras acciones. Se consolidad la nación cuando reafirmamos nuestra vocación de servicio sin que medien mezquinos intereses o egoístas afanes de enriquecimiento ilícito que termina dando prueba de cómo se destruye a una nación.

La Patria no puede servirse de hijos e hijas indecentes, delincuentes, de hombres y mujeres de malos pensamientos y que ven en el territorio de la nación un pedazo de pastel que hay que comer o devorar como si nada aconteciera y que los demás nada digan ni nada hagan.

Asaltar las arcas del Estado es un delito de lesa humanidad, porque de esa arca depende la educación, las obras públicas, los servicios públicos, las inversiones en las políticas de distinta naturaleza que desenvuelve el Estado. Quien asalta o roba al erario público, ya sea de modo doloso o culposo, de modo evidente o solapado, empobrece a los hijos e hijas de la Patria y destruye todo vestigio de permanencia de la nacionalidad.

La corrupción debe ser investigada, penada, no pueden quedar impunes los actos de la corrupción que esconde pobreza, miseria y engaños. Se cuenta, como ejemplo de un patricio admirable, que el Ex Presidente Belisario Porras murió pobre, sin un solo centavo, merced a la honestidad de hidalgo y hombre desprendido de lo material que siempre caracterizaron su vida pública y privada.

Hacen falta, en nuestro suelo, más Porras, más hombres que como Justo Arosemena, quien en sus Principios de Moral Política, demostró cátedra de ética y moral política para las futuras generaciones. Obra poco conocida, pero de talante moral sin límites, maravillosa.

Hay que reiniciar un proceso de reconstrucción moral para la Patria. Antes se decía que “sin justicia la Patria se vicia”. Cierto. Y añadiendo a ello la corrupción “la Patria se destruye, se desmorona”, como al parecer está aconteciendo en nuestro bello terruño.

¿Qué legado moral, de cosas propias del Gobierno y del Estado, le estamos dejando a nuestros hijos e hijas? Escándalos por doquier, historia escrita con sangre, crímenes horrendos, sobornos y chantajes? Es esa la historia que estamos escribiendo, una historia de luto y de dolor?

Aún estamos a tiempo de reflexionar, de hacer un alto especial y meditar. No juguemos con nuestros hijos, tampoco con nosotros mismos, y hagamos bien las cosas para dignificar a la nación y a la Patria.

Ojalá esta sea una tierra en la que en los próximos años, lustros y décadas, se respire libertad sin miedos, sin cortapisas elevando el respeto a la persona, al ser humano, a su inteligencia, y sin que un puñado de hombres nos vean como orangutanes o cromañones a quienes pueden ofender y denigrar sin que nada nos perturbe o afecte.