Vivir valores
Muchas veces estamos convencidos y nos comportamos con la certitud de que vivimos valores en la vida; sin embargo vemos que no somos constantes, ni tampoco congruentes con ese valor. Al actuar así nos ubica en el plano de aquellas personas que aspiramos ser, de tal o cual manera, sin embargo no damos los pasos necesarios para hacerlo realidad.
Cuando nos quedamos en este primer paso, solo aspiramos a vivir un valor, ya que lo ubicamos como un ideal por alcanzar. Aquí cabria ese refrán que dice: “El infierno esta lleno de personas con muy buenas intenciones”. En la realidad sucede así, ya que queremos y buscamos hacer muchas cosas buenas en la vida, le ponemos pasión y ánimo, pero no levantamos vuelo o lo sublimamos tanto que se hace inalcanzable. Otras veces actuamos como si solo nosotros tenemos la razón y no aceptamos interferencias o consejos, quedando todo en una utopía.
Por ejemplo, si quiero y deseo que reine el respeto y la paz en el mundo, me propongo vivir el valor de la lealtad, con todos. Por lo que, cuando se me presenta la ocasión de ser leal con una persona, trato de vivirlo plenamente, ya que conozco mis principios y convicciones; entonces pongo condiciones de las cuales no quiero ni me puedo apartar, esto es demasiado rígido y difícil de cumplir en la realidad. Por ejemplo, si se está en una reunión, y alguien comenta algo vergonzoso de una persona muy amiga, y lo hacen jurando que son verdades irrebatibles, al ver que hieren y ofenden su dignidad, puedo reaccionar con violencia, golpeando, vociferando u optar por vivir el valor de la lealtad, alejándome del grupo diciendo: ustedes: ofenden a mi amigo sin que él pueda defenderse. Mi comportamiento les dice que no acepto sus posturas indignantes.
Este incidente enseña que se debe bajar las expectativas ante los compromisos que hago y que debo controlar las emociones que surjan en mi, que debo ubicarme en mis principios, en los valores que he adoptado vivir, mantener la convicción de que para lograrlo debo pisar callos y recibiré muchas críticas y reproches, pero lo importante es hacer valer el valor sin importar las circunstancias y sinsabores que pueda experimentar. La amistad está por encima del egoísmo, y ésta debe ser respetada hasta el final de la vida, Comportarme de esta manera refuerza mis valores y hace más congruente mi actuar en mi existencia.
