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Voluntarios, gente del camino

Por: Redacción 09/11/2013

José Carlos García Fajardo (opinion@epasa.com) / Director del Centro de Colaboraciones Solidarias

El ejercicio exclusivo del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete al Estado, a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas. Es el ser humano y sus opciones libres quien debe de protagonizar su desarrollo integral. Siempre cabrá la cooperación pero nunca la imposición que no respete la libertad, la conciencia, la justicia y el derecho fundamental a buscar la felicidad, pues el ser humano ha nacido para ser feliz. Y la felicidad no puede imponerse de forma alguna.

Como dijo Javier Pérez de Cuéllar, exsecretario general de la ONU: “los voluntarios sociales son mensajeros de esperanza que ayudan a las personas y a los pueblos para que estos se ayuden a sí mismos”.

Solidario proviene de solidus, moneda romana de oro, consolidada y no variable. La palabra solidaridad se refiere a una realidad firme y fuerte conseguida mediante el ensamblaje de seres diversos. También de la responsabilidad asumida in sólidum con otra persona o grupo. Las personas se unen porque tienen conciencia de ser personas, seres abiertos a los demás como seres de encuentro y no como meros individuos aislados.

De ahí que la solidaridad va unida con la responsabilidad y esta depende de la sensibilidad para los valores. Estos no se imponen sino que atraen y piden ser realizados. La solidaridad solo es posible entre personas que en su conciencia sienten la apelación de algo que vale la pena y apuestan por ello. De ahí que la solidaridad implique generosidad, desprendimiento, participación y fortaleza. Hoy, cuando tanto se habla de la necesidad de “realizarse” y de ser auténticos, es hermoso saber que authentikós es el que tiene autoridad y esta deriva de augere, promocionar. Es decir que “tiene autoridad sobre alguien, el que lo promociona o promueve”, por lo tanto, “auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero”.

“Para poseer ese tipo de soberanía el hombre tiene que aceptarse a sí mismo con todo cuanto implica; acoger su vida como un don; recibir y asumir como propias una existencia y unas condiciones de vida que no ha elegido.

Para nosotros, como personas del camino que hemos asumido el compromiso del voluntariado social, este va más allá de la justicia: significa hacer propias las necesidades ajenas. De ahí que su trabajo es en sí mismo precioso.

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Miércoles 12 de agosto de 2026