Volvamos a los viejos tiempos… para mí, los mejores
Algunas reglas de etiqueta, educación, protocolo o caballerosidad se han ido perdiendo con el tiempo. Pretextos podemos encontrar muchos, sin embargo, el retomarlas seguramente hará de nuestra sociedad una atmósfera idónea para el buen desarrollo de nuestras hijas e hijos, en nuestro ambiente social y empresarial y, por supuesto, en nuestra formación como ejemplo para las generaciones por venir.
Recuerdo claramente cómo desde pequeño me inculcaron muchas de ellas, las cuales comparto hoy con la ilusión de que podamos preservarlas por mucho tiempo, ya que personalmente las viví por casi 45 años de vida en los que tuve a mis padres, quienes siempre velaron porque estas costumbres perduraran.
Caballero, piense cuántas veces al día, la semana, el mes o el año usted comparte un vehículo, ya sea público o privado, con alguna niña, joven, mujer madura, anciana o dama con algún impedimento físico. Ahora póngase la mano en el corazón y recuerde cuántas veces le ha otorgado el asiento en el que usted está sentado para que ella vaya más cómoda.
Tenga en cuenta que tarde o temprano vivirá esta escena y si sus hijos varones lo acompañan, tomarán como ejemplo la acción que usted lleve a cabo. No tema ni se avergüence en enseñar estas actitudes aun cuando sus hijos sean pequeños; mientras más temprano lo haga, será mucho mejor. Se acostumbrarán a hacerlo y no representará ningún problema para ellos, al contrario, serán fácilmente identificados por su distinción.
Si bien es cierto vivimos a velocidades que nosotros mismos nos hemos impuesto, esta no es una razón para no comenzar o mantener costumbres de antaño y me refiero al detalle que gran gran parte de los hombres han perdido al no abrir la puerta de su pareja o mujer que viaja en el mismo auto y mucho menos a extender la mano caballerosa que les ayude a bajar del carro. Créame, esta práctica habla mucho de la atención por la pareja o amistad, además del respeto y el deseo de cuidarla siempre. Enseñe a sus hijos a abrir la puerta a mamá y a sus hermanas, verán que poco a poco esta misma acción la harán de forma tan normal que al llegar a adultos el ejemplo perdurará como tradición familiar.
Caminar por las banquetas (cuando se puede) es otra costumbre que en muchas ciudades se lleva a cabo tanto para ir a almorzar, visitar algún comercio o simplemente para disfrutar de un lindo atardecer después del trabajo. Esta es una excelente oportunidad para recordar que como caballeros, el lado de la calle es nuestro y no de la mujer que va con nosotros. Llevar a mamá o a la abuela del brazo es simplemente un orgullo, mantenerlas del lado interno de la banqueta o acera es una muestra más de caballerosidad al momento de caminar.
Permitir que nuestra pareja o compañera de almuerzo ordene primero que nosotros es una señal de respeto y atención, sino pregúntese por qué en los verdaderos restaurantes sirven primero a las damas y después a los caballeros, esta también es una regla que los conocedores aplican y enseñan a su personal.
Cuando visite un restaurante y su mesa esté lista, tenga la amabilidad de esperar por los suyos, si lo acompañan sus hijas, esposa o amiga, tenga la delicadeza de separar la silla de la mesa para que las damas se puedan sentar y con delicadeza vaya acercando la misma hasta que la persona quede cómodamente sentada. Si no lo ha hecho, le recomiendo que lo haga, ellas quedarán gratamente impresionadas, eso sí, no voltee a todos lados para ver quién lo mira, basta con que su pareja o acompañante lo aprecie.
Cuando salga a cenar únicamente con su pareja, no cometan el “grave error” de desconectarse y pegarse al celular. Me resulta tan desagradable ver cómo poco a poco se pierde esa poca convivencia que se tiene a la hora de desayunar, almorzar o cenar por estar enajenados por el Whatsapp, el Facebook, el Twitter, el Pinterest o cualquier “red social” que rompe con la armonía de pareja o familia; algunas ciudades como París han prohibido el uso de celular en algunos restaurantes por encontrarlo ofensivo a los comensales. A veces veo parejas que “salen a cenar” de forma individual, ya que cada uno está perfectamente conectado a su mundo social, pero desconectado de su mundo familiar.
Por supuesto, muchas de estas acciones se pueden llevar a cabo siempre y cuando las mujeres lo permitan, es por ello que las exhorto para que nos permitan darles la mejor de nuestras atenciones, no solo ayudarlas con la puerta del carro o de la casa, con la silla del restaurante o con caminar del lado de la calle. Dejen que los hombres mantengan la tradición de comportarse como caballeros, estoy plenamente convencido que todas aquellas que tienen hijas querrán un prototipo muy similar al que hemos descrito a lo largo de este artículo.
…Y usted, ¿qué tan caballero es?