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Wikileaks, pasado y futuro


La revelación de documentos que comprometen la credibilidad de personas con poder está muy lejos de ser algo novedoso. No es periodismo de virtudes hiperbólicas y, en determinadas circunstancias, podría hasta configurar una conducta irresponsable por las consecuencias colaterales que podría traer para particulares implicados. La masa de documentos revelados es monumental, pero ello es el resultado más de la de la tecnología que de una audacia periodística singular. En la medida en que Wikileaks no se propone otra cosa que exponer la brecha entre comportamientos simbólicos que brillan ante la luz de las cámaras, más producto de la pose y la propaganda, y las conductas reales de las mismas personas que, al abrigo del poder y del dinero, operan en las sombras a contramano de su imagen visible, su historia no superará los 15 minutos de fama que el mundo occidental le confiere a sus celebridades. Quizás también hay un futuro sobre el que vale reflexionar: Wikileaks podría convertirse en un nuevo paradigma para enfrentar a los poderes fácticos, como el narcotráfico y las redes internacionales del crimen, como también la corrupción de los partidos políticos y las instituciones de gobierno. Ya hay iniciativas para replicar el procedimiento; es decir, colocar en el ciberespacio documentos confidenciales o de acceso reservado para que puedan ser leídos y analizados por cualquier interesado en penetrar la opacidad de los poderosos. Quizás estamos al comienzo de una nueva forma de lucha contra el poder. El buen periodismo deberá duplicar sus esfuerzos para actuar responsablemente.