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¿Y quién es Pilatos? (II)


El pueblo sigue vociferando y pidiendo la ejecución de Jesús y como última forma de salvarlo lo pone al lado de Barrabás y le pide al pueblo que escoja a quien liberar. Para su sorpresa, el pueblo manipulado y endemoniado pide la muerte de Jesús y los líderes religiosos le dicen que si no lo ajusticia, será acusado ante el César de conspiración por dejar libre a un subversivo que se hacía pasar por rey.

El conflicto interior es grande. El sabe de la inocencia de Jesús y su esposa lo previene de condenarlo porque tuvo un sueño revelador. Al final, el miedo a ser destituido y probablemente “decapitado”, pena de muerte por atentar contra el César lo hace “lavarse las manos” y deja que maten a Jesús. ¿Y qué hubiera hecho usted y yo? ¡Señor Misericordia!. Por ejemplo: me pregunto las veces que nos hemos “lavado las manos” y no nos hemos comprometido en luchar por un mundo mejor, en denunciar la injusticia, en defender al oprimido, en desprendernos de algo para darlo a los más pobres. Y el argumento, así de fácil como de vacío: “Yo no me meto donde no me llaman y además qué tengo yo que ver con esas víctimas”.

Para no ser como Pilatos hay que tener un profundo respeto por la verdad. Tener la valentía de decirla. Vivir en un gran despego para poder defender los grandes valores sin importar lo que perdamos. Acudir en la oración y sacramentos al Señor para que nos dé la fuerza para vencer la tentación. No dejarnos manipular por la opinión pública ni por el miedo y actuar de acuerdo a nuestra conciencia. Tener bien claro de que tengo responsabilidades con la humanidad y con el más cercano y que ante la injusticia, opresión, y la situación dramática en que viven mis prójimos, no puedo ser indiferente y “lavarme las manos” porque me convierto en cómplice de su situación. El no atender el drama de mi próximo me puede convertir en un Caín que ante la pregunta de Dios sobre su hermano dijo: “¿acaso soy yo el guardián de mi hermano?”. Todos en alguna manera somos responsables de lo que pasa en nuestra sociedad y alguna incidencia tienen nuestros actos en otros. En verdad yo sé que sin el poder de Dios sería otro Pilatos, pero con Él soy invencible.