Ya basta de pesimismo
El sábado pasado, recorrí la avenida Central, específicamente la famosa Peatonal. Antes de llegar, imaginé que me encontraría con un área desolada, vacía y casi sin personas. Resultó ser todo lo contrario. A pesar de no ser fin de semana de quincena, casi todos los almacenes eran visitados por cientos de compradores. Lo mismo sucedía en las cajas. Filas para pagar. Las fiestas aún están lejos, por lo que traté de observar qué compraban. En su mayor parte, nada tenía que ver con la canasta básica.
Un fenómeno parecido he logrado observar en otros centros comerciales. Sí, es cierto que algunos otros, de manera bastante notoria, cuelgan en sus locales los letreros de "se alquila" o "disponible". Pero en la mayoría de los casos, los comercios se encuentran en sitios con pésimo mercadeo o sencillamente se encuentran mal ubicados.
Es cierto que hay un ambiente negativo en el país. También es cierto que la manera como actúa el gobierno actual no es la que genera el optimismo que el momento requiere. Pero también hay que decir la verdad: hay proyectos privados en construcción o en fase de inicio de obra. Lo mismo sucede con proyectos comerciales como supermercados y otros.
En mi humilde parecer, la clase política, Gobierno y oposición, es culpable de generar un ambiente tenso y crispado. Esto producto de los intereses personales y políticos de un bando y del otro, lo que contagia a la población de ese pesimismo muy propio de la desesperación de quienes o aspiran al poder, o lo ejercen con el miedo a perderlo.
Todos los órganos del Estado trabajan a media máquina y en medio de escándalos, problemas, enfrentamientos internos, pesimismo, ineficacia, etc. Lo mismo con los partidos opositores. Enfrentados en guerras internas inútiles, se pelean un liderazgo que ni es muy claro, ni se sabe a dónde conduce.
Y de todo esto se han contagiado los medios de comunicación. Entre noticieros cargados de enfrentamientos, no les queda otra que transmitir los deplorables y caricaturescos debates de nuestros diputados, con un nivel pésimo y un discurso lamentable, por llamarlo de una manera decorosa.
En el esfuerzo de los medios de comunicación por entretener a la población, se ha tenido que recurrir a lo chabacano y fácil, dejando de lado la cultura que tanto necesita este país. El estado actual del Teatro Nacional es un ejemplo de lo anterior.
Los números no mienten. En unos 15 años, Panamá seguirá liderando económicamente la región. Creceremos, salvo catástrofe de por medio, a un ritmo constante durante todos estos años.
Los retos por venir son sencillos. Dar calidad de vida a los que viven en el cono urbano del país. Potenciar al interior productivo para evitar la migración, mejorar la salud de manera integral y llevar adelante la reforma educativa, tanto en lo curricular como en lo estructural, lo más pronto posible.
Esto último lo saben todos lo políticos. Pero como llegan casi por casualidad a la instancia de gobierno, no lo hacen con el equipo lo adecuadamente preparado para la tarea. Y por eso es que hay instituciones como el Instituto de Mercadeo Agropecuario, que tiene un promedio de 1 director cada 2 años desde la administración de Mireya Moscoso.
Me gustaría saber si nuestros políticos no se han dado cuenta de que trabajan sobre una explosión social en ciernes, con más de un 50% de la población que solo cuenta con el 20% de todo el ingreso del país.
La posibilidad de un rompimiento constitucional en Panamá es cero. No es siquiera algo para desarrollar. No va a suceder y punto. Pero un estallido social sí es inminente y puede, si los políticos actuales no hacen las cosas correctamente, enviar a la silla presidencial en las próximas elecciones a un perfecto desconocido, sin ninguna experiencia política, a intentar "refundar" la república, como lo hizo Hugo Chávez en Venezuela.
Es el momento de hacer un alto, en ambas partes, y encontrar fórmulas para resolver los problemas personales y de grupo de manera que no afecten a la población. Los negocios de los opositores y la administración de la cosa pública por parte de los oficialistas lo necesitan. Pero sobre todo el país y sus habitantes, que ya están cansados de tanta pelea y expectativas que no se cumplen.
Poner al país por delante de los intereses particulares parece que nunca ha sido un tema de moda entre los políticos panameños. Espero que los ciudadanos no lleguen a la conclusión de que los problemas son ellos. Realmente quiero que no suceda.