Ya llegó la Navidad
Otro año que nos trae la Navidad y otro que se va con el fin de año. Me parece que fue ayer que compré los regalos de las fiestas pasadas y nuevamente tengo igual misión. Sí, nos damos cuenta lo rápido que pasa el tiempo y así se va nuestro suspiro, porque la vida es eso: como dice la canción de mi tierra, Hoy somos, mañana no.
Pero hay que sentir lo que verdaderamente significa la Navidad, porque lo hemos trastocado llevándolo al campo del consumismo y gastar toda la plata que ahorramos o que nos llega con el XIII. Desde octubre se llenan los almacenes de árboles de Navidad incitando a la compra. Si bien es cierto que hay que darle un ambiente de lo que celebramos, también es cierto que los niños le escriben a Santa y no al Niño Dios; las canciones son a Santa y no al Niño Dios. Poco escuchamos los villancicos españoles que cantábamos antes cuando nos vestíamos de pastores e íbamos a la iglesia a media noche cantando y ofreciéndole cosas.
No es que quiero que todo sea igual a aquellos tiempos; es solo que hemos perdido nuestras tradiciones, adquiriendo las extrañas. Dirán que aquellas tampoco eran nuestras, pero de España venimos y, aparte de los indígenas, ellos también fueron nuestros antepasados.
Creo que la Navidad debe ser una fiesta de paz, en la que el perdón y la tranquilidad reinen para todos. Incluso las fiestas que se dan sirven para convivir con nuestros compañeros de profesión, de trabajo o lo que sea y esa oportunidad nos permite hacer lo que no hicimos durante el año: mostrar una hermandad que debiera ser permanente. Claro que no podemos regalar durante todo el año a quienes nos sirven y por esa razón aprovechamos la Navidad para hacerlo. Pero el mejor regalo que podemos hacer a los nuestros es el amor, la comprensión, la amistad y eso debe permanecer.
Vayamos a la Iglesia a orar, a pedir perdón al Niño Dios quien, a pesar de que acaba de nacer, sonríe y perdona sin saber aún el futuro que le espera. La Virgen, al ver la veneración por su hijo, también toma participación y pide al Señor por nosotros. No pido exageraciones, pero sí devoción en las fiestas y recordación de lo que significan, pues con ese Nacimiento hubo un cambio en la humanidad que permitió, después de muchos sufrimientos, incluyendo la crucifixión y muerte de nuestro Señor, que muchos lo encontraran y aprendieran a venerarlo. Queramos o no, continuamos predominando en religiones con una mayor reverencia y menos hipocresía. Oremos por los perdidos y por perder y pidamos al Niño que ubique a la gente en la tierra.
Médico.
