Ya viene el lobo
Mientras pasan los días, el aumento de los precios de consumo general, como pan y queso, llegan a la estratósfera de la inflación. La desacertada estrategia de adelantar anuncios sobre temas sensitivos propicia la posición a la defensiva de subir los precios para mitigar el impacto de su congelamiento. Hasta pareciera que el “ya viene el lobo” hubiera sido negociado con los propios lobos de la cadena de especuladores.
La discreción no caracteriza la política del nuevo gobierno. Se dan como hechos cumplidos el aumento del 18% de las tarifas de energía eléctrica y la revisión del costo del pasaje del metro. La inflación galopará a campo abierto, a partir del 1 de julio, cuando los consumidores se perjudiquen por la transferencia de los precios.
El congelamiento de productos de la canasta básica implica la modificación de leyes vigentes de defensa del consumidor. Hasta el momento de escribir este editorial, se contradicen las noticias sobre presuntos acuerdos legislativos. Si la congelación de alimentos se dictara por decreto, deberá ratificarse en la Asamblea para alcanzar la vigencia jurídica de seis meses, lo que resulta escaso tiempo para desentrampar antiguas prácticas de rejuegos especulativos y de apoyo a los productores.
Tampoco hay tino en los nombramientos de ministros y directores de institutos autónomos, sin experiencia y sin idoneidad. La política de salud pública requiere médicos especialistas en el conocimiento de la realidad sanitaria. Un radiólogo solo puede ver la imagen de la realidad de la política sanitaria. En vivienda hay un conglomerado de denuncias por construcción defectuosa de apartamentos.
Se nombra a un policía para dirigir la Policía Nacional en violación de la ley orgánica, que señala que solo civiles deben ocupar el cargo. Si se escudriña cada nombramiento, se apreciarán diferencias y divergencias que difícilmente concurren a la resolución de la problemática social y económica. No hubo consultas con los gremios para nombramientos entrelazados con la partidocracia y el amiguismo, sin descontar recomendaciones que constituyen órdenes de grupos económicos poderosos.
El Partido Popular, que aportó 150 mil votos al panameñismo y tiene estado mayor de profesionales y técnicos, tiene reducida presencia en el Gabinete y mucha más ausencia en los comandos de institutos autónomos. No se toma en cuenta a la vieja guardia panameñista en las gestiones de Guillermo Endara y Mireya Moscoso.
La gobernabilidad está suspendida en un hilo de araña porque en la Asamblea de diputados solo cuentan con 12 legisladores y esta baja representatividad determina la adopción de medidas de urgente esclarecimiento. La salida más a la mano es concertar un acuerdo estable con los diputados del PRD, que canalicen los proyectos que remita el Ejecutivo para aprobación.
La negociación tropieza con la crisis que mina la unidad del PRD y podría representar un acuerdo temporal si la línea tirada por el secretario general, Juan Carlos Navarro, se enfrenta al cambio del CEN. Otra opción llevaría a considerar apoyos coyunturales con Cambio Democrático para obtener consensos de gobernabilidad. Pero las impugnaciones a 10 candidatos de Cambio Democrático no allanan el camino de una colaboración constructiva.