La falta de espacio, la inseguridad en las noches, la profanación de tumbas, los herbazales y los ritos satánicos parecen ser los problemas más comunes que presentan los cementerios en el interior del país.
Los bocatoreños viven un calvario en cada uno de sus cuatro camposantos: dos en Changuinola, uno en Guabito y otro en la Isla Colón.

En ellos no hay limpieza ni espacio físico y, en ocasiones, las tumbas se fraccionan, lo que atrae a los gallinazos.
Aracelis Herrera, esposa de un policía fallecido hace seis meses, manifiesta que cuando llueve no hay drenajes, lo que provoca que se sientan olores fétidos por el deterioro de las tumbas.

En Los Santos, en el cementerio de Tonosí, ubicado cerca del río Tonosí, cada vez que se sepulta a una persona se tiene que colocar piedras encima del féretro para que, en caso de inundaciones, no floten.
Mientras que en La Villa el cementerio no cuenta con seguridad y es utilizado como lugar para consumir drogas.

Por otro lado, en el distrito de Penonomé es preocupante la práctica de ritos satánicos, ya que se ha convertido en un sitio de temor, pues delincuentes aprovechan la falta de vigilancia para profanar tumbas y hurtar piezas.
Por otra parte, en el cementerio de El Chirú de Antón, hace un año se encontró una tumba abierta y al lado una gallina negra, una cabeza de puerco, un tabaco y hasta velas negras encendidas.
“Estamos alarmados por la práctica de ritos satánicos en este camposanto”, denunció Eneida Guerra, moradora del lugar.
En Aguadulce, el problema principal es la falta de más espacio para enterrar a los muertos.
El de Pocrí también tienen evidencias de abandono. Las tumbas están bajo los herbazales y algunas bóvedas han sido profanadas.
Sobre el tema, Omar Cornejo, alcalde de Aguadulce, afirmó que solo tienen cuatro cortadoras de hierba.
Prometió ampliar y remodelar el camposanto, que es una necesidad para los que van allí a enterrar a sus seres queridos.
Hacinamiento.
En Chiriquí, los cementerios municipales de David y Bugaba colapsaron por la falta de espacio físico.
A este problema se suma el robo de placas, argollas de bronce y objetos que colocan familiares.
Tomás Ortega, administrador del cementerio de David, señala que según el último censo, hay 35 mil tumbas.
Mientras que en Vista Alegre de Arraiján, varias tumbas desaparecieron y otras están a punto de quedar sepultadas a causa de un relleno que desarrolla una compañía.
En Veraguas, se habilitaron 72 nuevas bóvedas en el cementerio municipal, con el objetivo de minimizar el hacinamiento existente.
Por otro lado, el cementerio de Monte Esperanza, en Colón, el crecimiento de herbazales hace que se demore la limpieza, ya que no se cuenta con mucho personal para limpiar.
Son 45.5 hectáreas de terrenos, en los cuales se realizan 4 sepelios por día.
Leyda Chambers, administradora del lugar, dijo que se tiene prohibido la construcción de maceteros porque estos son propensos a criaderos del mosquitos Aedes aegypti.