Érase una vez una reina que, cosiendo junto a su ventana, se pinchó en el dedo con una aguja y observó cómo la sangre cayó en la nieve. Fue entonces cuando deseó tener una hija con la piel tan blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el pelo negro como el ébano. Su deseo se cumplió, naciendo la princesa a quien llamó Blancanieves.
La reina murió después de dar a luz y el rey se casó con una mujer muy bella, pero malvada.
La madrastra ordenó a un cazador matar a Blancanieves en el bosque y, para asegurarse, le exigió que le trajera el corazón. El cazador lleva a la reina el corazón de un jabalí (que fue cocinado y comido por la malvada madrastra de Blancanieves).