El ruido es una forma de contaminación, según las consideraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
A diferencia de otras formas de polución, los impactos del ruido no son visibles, solo cuando aparecen las consecuencias en la salud.
Tanto es así que la OMS ha establecido algunos niveles sonoros, como por ejemplo alrededor de 30 decibeles o menos para descansar y dormir, otros 35 decibeles en una conversación dentro de un salón de clases y hasta un promedio de 40 decibeles para no afectar al cuerpo humano.
Aún con esto y las normas que se han dictado en Panamá, la cultura del ruido parece extenderse desde áreas residenciales, comerciales y en general. Y es una situación de la cual, por lo menos hasta el momento, no se conoce de sanciones o resultados de acciones gubernamentales por los daños a la salud.
En Panamá, la grave situación ha sido examinada por un grupo de científicos, entre ellos el catedrático de Física de la Universidad de Panamá Eduardo Flores. En la investigación realizada en el año 2004, los científicos hallaron niveles sonoros elevados en comparación con las recomendaciones de la OMS.
En el tráfico de la ciudad de Panamá registraron entre 74 y 84 decibeles durante unas 18 horas por día.
Las pérdidas en el sector salud fueron calculadas en esta investigación por unos 10 millones de dólares anuales en consecuencias para la salud como problemas auditivos y hasta cardiacos.
En la actualidad, solo existen decretos y normas, pero el tema de contaminación acústica no ha sido elevado a rango de ley. Esta es una de las preocupaciones presentadas por aquel estudio, única referencia de este tema.