Los cuatro pescadores, una vez bajaron de la embarcación, se arrodillaron, con las manos unidas, agradeciendo a Dios la oportunidad de tenerlos de regreso en tierra sanos y salvos, pero no todo terminaba allí, el capitán de esta embarcación, Esteban Guerra, oriundo del corregimiento de Pedregal, en Chiriquí, era recibido por un centenar de familiares y amigos que desde tempranas horas, apostados en el puerto, esperaban la lancha que los llevaba, y una vez los vieron, aplaudieron como muestra de alegría.
Carolina Rodríguez, hermana de Guerra, dijo sentirse feliz y agradeció a Dios, porque nunca los abandonó y se los devolvió con vida.
Los pescadores explicaron que el desperfecto de la embarcación fue debido a que la bomba de inyección no hacía que fluyera el diésel, combustible que permite que la embarcación se desplace.