Existen dos factores que influyen en que las mujeres incursionen en las pandillas:
Factor familiar
También conocido como el genotipo o la corrupción moral, según explicó el criminólogo Marcos Aurelio Álvarez.
Esto quiere decir, según este especialista, que los padres les traspasan a sus hijos esa conducta delictiva.
Un ejemplo -dijo Marco Aurelio- es cuando en una casa venden drogas y los hijos van creciendo en medio de ese negocio delictivo que usan los padres para el sustento en el hogar. Experimentan las agresiones físicas y verbales, muchas veces de parte de sus propios padres.
Además, hay otras situaciones familiares aún más trágicas, que consisten en que producto de la situación de violencia quedan huérfanas desde muy pequeñas.
Factor ambiente
A este se le conoce como fenotipo, que consiste en el ambiente que rodea al menor.
Por lo regular son mujeres jóvenes de buena apariencia y que no tienen muchos hijos.
Para mantener un buen estatus de vida se hacen parejas de los líderes de las pandillas, muchas veces tienen que participar de ese tipo de acción criminal para mantener esa posición privilegiada; por lo regular, trabajan de “cameras” o son usadas para agredir a otras mujeres por venganza.
En estos casos se trata de mujeres abandonadas por sus parejas sentimentales, que quizás se hicieron madres a los 13 años, y a los 25 años han llegado a tener hasta cinco hijos.
Esas mujeres, para poder solucionar los problemas que enfrentan, aceptan dedicarse a la venta de droga o guardar la droga de las pandillas en sus casas.
Estos son, por lo regular, los casos más comunes de mujeres que están recluidas en el centro femenino de rehabilitación.