En enero de 1964, yo, Eduardo Tejada, trabajaba en una empresa siderúrgica ubicada en Tocumen, nos enteramos de la revuelta en los predios de la antigua Zona del Canal, específicamente por los alrededores del barrio de Balboa y el Instituto Nacional, entre los institutores y la policía de la Zona del Canal. Debido a esa situación se nos permitió salir más temprano; abordé apresuradamente el único bus de Juan Díaz. Dentro del bus iba escuchando una emisora de radio que anunciaba el violento enfrentamiento. Yo era un jovenzuelo de 21 años de edad, y durante los 45 minutos que duró la travesía, sentí el fervor del patriotismo y decidí bajarme del bus en La Cuchilla de Calidonia. La situación se iba tornando, más violenta. Para refugiarme del tiroteo de los soldados norteamericanos, fui avanzando hasta el Palacio Legislativo. Traté de salir de la planta baja del edificio de la Asamblea, pero fue imposible por los continuos disparos de artillería de grueso calibre procedentes del área de Ancón y el Hotel Tívoli. Permanecí allí junto a otras 30 o 40 personas; a eso de las diez de la mañana (del día 10) salí corriendo con la intención de refugiarme en un reservorio de agua, sin embargo, mientras corría escuchaba las balas chocar contra el piso de concreto, caí al suelo; la gente que estaba al otro lado gritaba “no levantes la cabeza, pela’o; nosotros te avisaremos cuándo puedes salir”; permanecí inmóvil durante unos quince minutos y entonces escuché los gritos: “Ahora, pela’o”. Afortunadamente pude llegar a la parte de atrás del edificio, donde había una gran cantidad de panameños, “¿estás herido muchacho?”, me preguntaban, “creo que no”, contesté; sin embargo, sentí que algo caliente me corría por el costado izquierdo. De pronto se me acercó un señor que parecía paramédico, me revisó el costado y dijo en voz baja “muchacho, hoy naciste de nuevo, esa bala te rozó”. Hoy, transcurridos 50 años de aquella peligrosa experiencia, comprendo por qué a esos jóvenes institutores no los asustaban las balas.
La pasión por la soberanía que embargó a la juventud
REDACCION / PANAMA AMERICA