Con una economía cuyo crecimiento ha sufrido una desaceleración en años recientes, y que en el tercer trimestre de 2013 tuvo una contracción de 0.5%, Brasil gastará unos 3,400 millones de dólares en la construcción o renovación de los estadios mundialistas.
En medio de una enorme desigualdad de clases, este gasto de dinero público en obras del Mundial fue la chispa que detonó las multitudinarias y violentas protestas que en junio afectaron la Copa Confederaciones.

Los organizadores y la Fifa prenden velas para que las escenas de manifestantes encapuchados, gases lacrimógenos y saqueos no se repitan durante el Mundial, cuando la atención del planeta entero, y miles de periodistas, estarán concentrados en Brasil.
Buena suerte con eso.

El movimiento anarquista Black Rock ya anunció protestas masivas desde el partido inaugural en Sao Paulo.