Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Alemania, a pesar del extraordinario peso económico logrado, políticamente y militarmente entró en una condición de potencia domesticada debido al sentimiento de culpa que arrastraba por su responsabilidad en el inicio de la dos guerras mundiales. Tal condición fue radicalmente revocada a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania, que sustituyó los valores idiosincrásicos emergidos después de la segunda posguerra, de una cultura de paz y moderación en los asuntos globales.
En efecto, no es sino a raíz de la destrucción de la estructura de seguridad europea, por parte de Rusia, que Alemania al redescubrir sus necesidades de seguridad se vio obligada a cambiar su Constitución, modificando las reglas de exportación de armas a países en conflicto y aprobar el mayor gasto de defensa en 83 años, consistente en un fondo especial de mas de 107 000 millones de dólares, que eleva su gasto de defensa al 2% de su PIB, tal como exigía la OTAN.
Es conocido que al principio Alemania asistió a Ucrania con ayuda alimentaria, cascos de combate, camas de hospital, entre otros, hasta que el 21 de junio de 2022 decide enviar armamento pesado a Ucrania, marcando con ello su condición de uno de sus aliados más fuertes y el inicio del rearme nacional, que la convertirá de ahora en más probablemente en una potencia militar mundial de primer orden.
¿A que sé debe ese cambio de proceder? Es la pregunta obligada. La respuesta tiene que ver con el giro en sus valores idiosincrásicos caracterizados por el pacifismo, los cuales fueron severamente afectados por el brutal ataque contra Ucrania, escenario internacional previsto ya por Pearson y Rochester, quienes sentenciaron que: "los factores idiosincrásicos tendrán un mayor impacto en las decisiones, cuanto mayor sea la gravedad de la amenaza, menor el tiempo de que se disponga, y mayor el elemento de sorpresa en una situación de toma de decisiones".
El tránsito de la Weltpolitik (política mundial) de Konrad Adenauer de fuerte occidentalismo hacia una Ostpolitik (política del este) de Willy Brandt, pasando por la noción de 'hegemonía benigna' en Europa promovida por Angela Merkel, hasta llegar hoy al Zeitenwende (cambio de época) de Olaf Scholz, obliga al Estado alemán a un reposicionamiento del pivote geoeconómico al geopolítico, en clave anti-rusa.
El mismo tiene lugar producto de la especial situación geográfica de Berlín, peligrosamente más cerca de Moscú que lo que está Paris, realidad que presiona a Alemania a fortalecer mejor la influencia y control de la malla de seguridad que le proveen los países de Europa central y del este frente a Rusia. Al respecto, no es fortuita la constatación que sobre fenómenos similares hacen también Pearson y Rochester, al advertir que los valores idiosincrásicos tienen un valor especial en el "modus operandi de la política internacional, particularmente en el grado de firmeza y propensión hacia el uso de la fuerza demostrado por un país".
La autora es Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad de Panamá.