A lo largo de la costa atlántica, los ricos de la zona son propietarios de decenas de haciendas, yates y mansiones, producto del tráfico de drogas.
Y en San Pedro Sula, las bandas de narcotraficantes cuentan con ejércitos de vendedores callejeros que recurren frecuentemente a la violencia y aumentan las tasas de asesinatos de esta ciudad costera.