Las conclusiones destacan que los medicamentos no son eficaces, en ocasiones se desconocen sus efectos secundarios, son caros y, sin embargo, su venta es mayor.
"La mayoría de los, medicamentos, que generan más gasto son los nuevos, protegidos por patente, los cuales, mal o poco evaluados y a un precio de venta desorbitado, aportan un progreso terapéutico mínimo, nulo o incierto, y en ocasiones perjudicial para la salud de los pacientes".
Según la revista "Butlletí Groc", editada por la Fundación Instituto Catalán de Farmacología, del Hospital Vall d"Hebrón.
La publicación basa su acusación en cinco tipos de terapias: estatinas (fármacos anticolesterol), antipsicóticos atípicos, antidepresivos, medicamentos para la osteoporosis y antihipertensivos.
Los autores comentan el caso de dos estatinas que en 2003 fueron "los de mayor consumo en el mundo, en valor monetario". Precisamente una de ellas, la atorvastatina.
Un año después otra estatina, la simvastatina, disminuyó su precio por la caducidad de su patente.
"La preferencia de algunos prescriptores por la atorvastatina no parece justificada: es la estatina para la que se tardó más en disponer de pruebas de eficacia clínica sobre variables de morbimortalidad. Las pruebas de su eficacia en la prevención de la cardiopatía isquémica están rodeadas de incertidumbres ", según los especialistas.
Los tratamientos indicados para pacientes con esquizofrenia aumentaron el año 2003, especialmente entre los antipsicóticos "atípicos" que surgieron como alternativa a los clásicos pues parecía que causaban menos efectos extrapiramidales (movimientos involuntarios como el Parkinson).
Sin embargo, estudios posteriores a su comercialización niegan esta capacidad y señalan que las consecuencias vienen a ser muy parecidas.
Joan-Ramón Laporte, director de la revista "Butlletí Groc, manifestó que los pacientes en su mayoría desconocen los tratamientos.
Los medicamentos para tratar la osteoporosis también ocupan una posición principal en la lista del gasto sanitario.
Los tratamientos antidepresivos, apuntan a la existencia de un tipo de influjo que parece haberlos "puesto de moda", según el estudio.
"Un sistema de salud que se reclame inteligente debería invitar a sus prescriptores a evaluar la efectividad de las medidas que se aplican en la práctica. Entre sus profesionales, esta actividad tendría que ser norma y no excepción", recomiendan los expertos.
Los medicamentos nuevos y más costosos no son necesariamente mejores.
El problema de las entidades de salud y los funcionarios encargados de seleccionar los medicamento adecuados para los usuarios del sistema, es que no elige sus prioridades; compran lo primero que ofrecen las industrias farmacéuticas, indica la publicación.