Diamantes que vienen del espacio

Algunos planetas pueden esconder una gruesa capa de diamantes bajo su superficie. Estas joyas del espacio también llegan a la Tierra, con las colisiones de los meteoritos que rocían el suelo con el polvo de piedras preciosas provenientes de estrellas remotas. Así lo revelan las últimas investigaciones astronómicas.
Los antiguos romanos llamaron a nuestra galaxia el "Camino de Leche", debido a la franja blanca formada por infinidad de astros, que forma parte de ella y puede verse atravesando el cielo.
Los científicos han descubierto que esta agrupación estelar tiene forma de espiral y unos 100,000 millones de estrellas, entre ellas nuestro Sol.
Ahora acaba de descubrirse que parte de ese camino de estrellas de unos 100,000 años luz de diámetro, que conforma la llamada Vía Láctea, está pavimentado con piedras preciosas.
Un grupo de astrónomos estadounidenses han descubierto que algunos planetas de la galaxia pueden esconder un tesoro que desvelaría a muchos en la Tierra: una gruesa capa de diamantes oculta debajo de la superficie.
El astrónomo Marc Kuchner, de la Universidad de Princeton, explicó que algunos planetas que orbitan alrededor de estrellas de la Vía Láctea pueden tener suficiente carbono como para producir toda una capa de diamante en regiones de su corteza.
Según los expertos, estos cuerpos celestes diamantíferos habrían evolucionado de una forma distinta a la de la Tierra, Marte o Venus, denominados planetas de silicato, ya que en su mayoría están constituidos por compuestos de silicio-oxígeno.
Según Kuchner, en los planetas que tienen una fuerte presencia de gas con carbono extra, o muy poco oxígeno, se podrían formar algunos componentes de carbono como carburos y grafitos, en lugar de silicatos. Bajo presiones geológicas elevadas, el grafito condensado podría convertirse en diamante, y formaría capas de varios kilómetros un espesor.
Algunos planetas posiblemente recubiertos de diamante giran alrededor de la estrella pulsar PSR 1257+12, que probablemente se habrían formado por el colapso de una estrella que produjo carbono a medida que envejecía.
Otros posibles planetas de diamante pueden localizarse cerca del centro de la Vía Láctea, donde las estrellas tienen más carbono.
Pero las joyas cósmicas no sólo se observan a través de los radiotelescopios y se sitúan a muchos años luz de nosotros; algunos llegan a nuestro planeta "a bordo" de meteoritos que han vagado por el cosmos durante millones de años y que al chocar contra nuestro mundo rocían su superficie con el polvo de diamantes provenientes de estrellas remotas.
Cada vez que un meteorito colisiona con la Tierra, no sólo trae las rocas, hierro y minerales que lo conforman, sino que también siembra un fino y liviano polvo de gemas preciosas: diamantes.
Esa es la conclusión de un estudio de los cráteres terrestres de un grupo de investigadores británicos, que ha revolucionado el conocimiento de la formación de los diamantes y otros minerales, así como de los impactos prehistóricos de objetos cósmicos.
El descubrimiento efectuado por Iain Gilmour y su equipo de la Open University, de Gran Bretaña, también puede contribuir a buscar pruebas del impacto de meteoritos en los estratos geológicos más antiguos, aportando una información clave para reconstruir la dinámica del sistema solar hace millones de años.
Las investigaciones de Gilmour y su grupo se han centrado en las murallas del cráter de Ries, dentro del cual está construida una ciudad medieval, situado en el sur de Alemania, y originado por el impacto de un gran meteorito hace 15 millones de años.
El origen de estos diamantes, anunciado en informaciones científicos anteriores, era un enigma. Hasta ahora se creía que estas piedras sólo se forman bajo las temperaturas y presiones descomunales que existen en las profundidades de la Tierra.
Esta explicación se fundamenta en la abundancia de diamantes con calidad de piedra preciosa que son localizados en las rocas volcánicas procedentes del manto terrestre, la zona del planeta situada a 2,900 kilómetros de profundidad bajo nuestros pies, y en rocas sedimentarias deformadas por el calor y la presión.


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Lunes 29 de junio de 2026