La empresa surcoreana Samsung Electronics anunció dos innovaciones tecnológicas, la más importante el primer chip del mundo de almacenamiento en flash NAND de 32 gigas, con una capacidad estimada para unas 36.000 fotografías de alta resolución o 40 películas de cine en calidad DVD. El mayor productor del mundo de chips de memoria señaló que para dar este gran paso en el campo de los semiconductores empleó además la tecnología de 40 nanómetros (milmillonésima parte de un metro). Otra sustancial mejora puesto que el año pasado Samsung presentó el chip de memoria flash NAND de 16 gigas, para el que empleó la tecnología 50 nanómetros.
La memoria flash NAND es un chip semiconductor que guarda información incluso si se desconecta de una fuente de energía. Su utilización se ha extendido a la vida diaria en ordenadores portátiles, teléfonos móviles o cámaras fotográficas.
El gigante surcoreano de la electrónica ha dominado el campo de la memoria artificial desde 1999, cuando presentó la primera tarjeta de flash NAND de 256 megabits. Desde entonces, año tras año, se ha ocupado de ser el primero en lograr nuevas cotas en la capacidad de este tipo de chips. Samsung también anunció que ha desarrollado el primer P-RAM (memoria de acceso aleatorio que almacena los datos de sonidos y programaciones) del mundo de 512 megabits.
La financiación para el espacio no era una prioridad en un país que sufría hambre y tenía una economía que se desintegraba.
Cuando la Unión Soviética llegó a su final, el cosmonauta Sergei Krikalev iba a bordo de la estación espacial Mir.
Fue dejado allá por meses pues nadie asumía la responsabilidad de hacerlo regresar a la tierra.
El sitio de aterrizaje era en Kazajstán, que ya no hacía parte de la Unión Soviética.
Krikalev ha pasado más tiempo en el espacio que cualquier otra persona: más de 800 días.
Me dijo que "fue una extraña experiencia en 1991, partiendo de la Unión Soviética y después regresando a otro país llamado Rusia, pues tu vieja nación simplemente había dejado de existir".
El gobierno ruso ha utilizado el programa espacial como una herramienta diplomática.
Ciudad Estrella se adaptó rápidamente a la nueva era capitalista.
Ahora recibe a turistas espaciales que entrenan ahí para sus visitas a la última frontera.
Cuando yo estaba de visita, el empresario estadounidense Gregory Olsen acababa de regresar de una misión espacial de diez días de duración.
Pagó cerca de US$20 millones por el viaje.
Los turistas espaciales ayudan a financiar el programa espacial, que también está obteniendo más dinero ahora del estado ruso, boyante por los ingresos petrolero y gasífero.
El jefe de las misiones especiales tripuladas rusas, Alexei Krasnov me dijo que no se trataba solo de dinero.
El turismo espacial también ayuda a generar entusiasmo por la exploración espacial.
Una vez más, Ciudad Estrella es parte de la política externa rusa bajo el presidente Putin, tal como lo fue a comienzos de la década de 1960 durante la Guerra Fría.
Es una manera de aumentar el prestigio internacional del país en momentos en que siente más confianza en sí mismo.
El primer chip de memoria flash de 32 gigas
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