Los arqueólogos esperaban encontrar artefactos relacionados con las antiguas fortificaciones de la ciudad cuando se toparon, a unos 60 centímetros debajo del suelo del monasterio, con los restos de diez jacos.
Los directores de la excavación dijeron que los caballos podrían haber muerto en una batalla, mucho antes de que se construyera el monasterio, en el siglo XVII.
Tal vez, la historia más sorprendente sea la de Wilfredo, quien tiene tiene 61 años y 10 de haber sido infectado, pero es el más jovial y conversador de todos.
Su vida ha sido dura, a la edad de cinco años de edad perdió a sus padres en un naufragio, cuando se dirigían de Costa Rica hacia Nicaragua, fue rescatado y criado por los indios Misquitos, que luego lograron traerlo a Puerto Armuelles, al cuidado de unos sacerdotes.
Allí aprendió a leer y a escribir, pero nunca asistió formalmente a la escuela por lo que no tiene ningún tipo de diploma. No obstante, le fascinaba el mar, por lo que se enrolaba en los barcos como marinero.
En ocasiones, lograba burlar la seguridad y abordaba como polizonte, así aprendió el oficio de marinero.
Viajé a las Filipinas, Colombia, Perú y un montón de países que ya no recuerdo y en todos ellos uno podía conseguir sexo fácilmente y cuando uno se contagiaba de una gonorrea u otra infección, se iba al médico se inyectaba, y eso era todo, pero con el VIH/SIDA todo ha sido diferente. Sin embargo, siempre he mantenido un buen ánimo y seguiré luchando.
El sacerdote Domingo Escobar, quien dirige la Casa Hogar. El Buen Samaritano que acoge a personas infectadas con el virus de VIH/SIDA, aseguró que la demanda ha crecido tanto que se requiere ampliar el local.
En el lugar residen 15 personas, 10 hombres y cinco damas, pero las peticiones de acogida se multiplican.
Dijo que el proyecto es ampliar la capacidad para cobijar a 50 personas y poder darles acceso a talleres de formación profesional.
Con el apoyo de la comunidad y algunas empresas se ha logrado que los pacientes reciban la triple terapia y alimentarse.