ADEMAS de cara y nefasta para el medio ambiente, el agua embotellada no es, por lo general, mejor que la del grifo, según un informe que indica que el negocio del agua mineral mueve 100.000 millones de dólares al año.
En Estados Unidos el agua mineral puede llegar a costar más que la gasolina, algo incomprensible si se tiene en cuenta que no hay garantías de que sea más sana la de botella que la corriente.
La organización Earth Policy Institute (EPI) indica que tanto en EEUU como en Europa hay más regulaciones sobre la calidad del agua del grifo que sobre la del agua mineral embotellada.
Estados Unidos ocupa el primer lugar en consumo con unos 26.000 millones de litros consumidos en el 2004.
En lo que se refiere al consumo por persona, Italia es líder en una clasificación en la que España ocupa el sexto lugar, con una media de 137 litros consumidos al año.
El agua del grifo llega a los consumidores a través de una infraestructura eficiente, mientras que las botellas han de ser transportadas, a menudo a miles de kilómetros, con el consiguiente gasto de energía.
Este es el caso del agua de las islas Fiji o de MaHaLo, el agua desalinizada de Hawai que busca convertirse en la bebida de moda en los restaurantes de EEUU a pesar de lo elevado de su precio (seis dólares el litro y medio).
Según EPI, la fabricación de las botellas que consume el público estadounidense requiere más de 1, 5 millones de barriles de crudo al año, que sería suficiente para que circulen unos 100.000 vehículos en ese periodo de tiempo.
Y el reciclado, por otra parte, presenta grandes problemas. Su incineración produce productos tóxicos, como cenizas que contienen minerales pesados, mientras que enterrarlas tampoco es la solución ya que sólo desaparecen pasados muchos años.
Como sucede con otros detritos, como la basura electrónica, la alternativa para los países desarrollados es llevarse el muerto a otra parte, dando de paso otra puñalada al medio ambiente.
Estados Unidos, señala EPI, exportó el 40 por ciento de las botellas depositadas para reciclado a países como China, con el consiguiente gasto en combustible.
Mientras tanto, muchas comunidades en zonas pobres que sí tienen agua se van quedando sin ella.
Uno de los casos más llamativos es el de Dasani, la marca de CocaCola acusada repetidamente por organizaciones internacionales de dejar sin agua a unos docenas de poblados en la India.
Innecesaria y cara
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Mayra Madrid /
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