La técnica, practicada por primera vez en el mundo, se aplicó en pacientes que padecían "enmiocardiopatía idiopática", una enfermedad que daña casi por completo el músculo del corazón.
La operación se efectuó en el hospital "Luis Vernanza", de la ciudad de Guayaquil, donde se ha afincado el proyecto, financiado por el Instituto de Medicina Regenerativa de Barbados (AIAREM), la Fundación Benetti y la Junta de Beneficencia de la urbe ecuatoriana.
Los científicos vigilan al detalle la evolución de los pacientes, que a los siete meses del implante han alcanzado una mejoría del 35% en las funciones de sus corazones.
EL líder del grupo científico, Federico Benetti comentó que, entre enero y febrero de este año, el equipo de científicos implantó células de feto muerto, de entre cinco y doce semanas", a una decena de pacientes, que presentaban una enfermedad terminal del miocardio.
Del grupo de diez enfermos tratados, sólo ocho completaron el proceso, ya que una paciente sufrió un accidente cerebral, que le impidió completar el protocolo médico, y otro murió porque dejó el tratamiento voluntariamente.
"De los ocho pacientes, todos respondieron al tratamiento, logrando un 100% de éxito", añadió el galeno, tras destacar que a los 210 días de la operación, el corazón de los enfermos mejoró un 35% y no se observó ningún tipo de rechazo ni reacción a este tipo de células.
Para Benetti, la operación tiene una importancia fundamental, pues abre todo un nuevo panorama de investigación y ya piensa, en noviembre próximo, aplicar la técnica a otros pacientes.
Se decidió investigar con células fetales, porque son más pluripotentes que las células adultas y tienen muchas ventajas en comparación al uso de células autólogas o del propio paciente.
La recuperación de los pacientes es más rápida y también porque se evita sacar las células de la médula ósea, que es un proceso más complicado.
Los científicos obtuvieron las células de fetos de entre cinco y doce semanas de mujeres con embarazos etópicos, que es un material que se desecha, o de abortos espontáneos.
El proceso para la obtención de las células empezó en Ucrania, donde un instituto se encargó de procesarlas, y luego fueron examinadas en Inglaterra, para evaluar los riesgos infecciosos antes de enviarlas a Ecuador.
El proceso es complicado. "A los tejidos fetales muertos se les hace un proceso para recuperar las células de determinados órganos. Si se extraen las células hasta dos horas de haber muerto el feto, todavía un 60% de ellas tienen vida", explicó el galeno.
Las células fueron sometidas a un proceso de "crio-preservación", es decir, fueron alojadas en unos termos especiales a 196 grados centígrados bajo cero.
Antes de implantarlas, se sacan del termo, se someten a un proceso donde se les aplica determinadas soluciones médicas y luego, mediante una operación quirúrgica, se aplican en el tejido dañado del miocardio.