Todos los nuevos pasaportes que se emitan a partir de octubre del 2006 habrán de incluir un microchip que contiene el nombre del propietario, su sexo, fecha y lugar de nacimiento, lugar de expedición y una fotografía digital.
En el futuro, estipulan las nuevas regulaciones publicadas el martes por el Departamento de Estado, estos chips también podrían incluir información digitalizada como huellas dactilares o incluso el escáner del iris del ojo.
En los almacenes, las etiquetas RFID contienen información sobre el producto que pueden leerse después, a través de señales de radio, con ordenadores de mano o sensores ubicados en el almacén, incluso a través de cajas o contenedores.
En el caso de los pasaportes, una minúscula antena insertada en la cubierta del pasaporte permitirá el acceso remoto a estos datos.
Aquí es donde radica la preocupación de las asociaciones de defensa de la privacidad, que creen que cualquiera que disponga de un lector portátil podría acceder a esta información.
La propuesta inicial, que Departamento de Estado lanzó el pasado febrero, originó más de 2, 300 críticas de otros tantos ciudadanos preocupados por el uso de
"El pasaporte, no permitirá el rastreo de individuos. Sólo permitirá que las autoridades gubernamentales sepan cuándo ha llegado un individuo a un puerto de entrada", señaló el Departamento de Estado.
El pasaporte se basa en la tecnología llamada Control de Acceso Básico, que consiste en almacenar un par de llaves con un código secreto dentro del chip.
De esta manera, el chip RFID revela su contenido solamente cuando el lector posee la correspondiente autorización para recibir esa información. No obstante, se trata de una tecnología que no es del todo segura, según los laboratorios RSA
El pasaporte se basa en la tecnología llamada "Basic Access Control", que consiste en almacenar un par de llaves con un código secreto dentro del chip.
Se trata de una tecnología, no obstante, que no es del todo segura, según advirtieron en un estudio reciente los laboratorios RSA y David Molnar y David Wagnerdos, científicos de la Universidad de California.
También la industria de los viajes se opuso en su día a este plan. La Asociación de Viajes Corporativos se mostró en contra de que los documentos de viaje puedan ir mostrando a los cuatro vientos la identidad del viajero, algo que podría resultar peligroso en determinados países.