Las supercomidas y bebidas que se están desarrollando y probando en los centros de investigación más avanzados, no sólo alimentan y deleitan el paladar, sino que además ayudan a reducir y mantener el peso corporal, a cubrir las deficiencias nutritivas, a mejorar el cultivo, producción y conservación alimentaria e incluso a protegernos de algunas dolencias y trastornos.
Gracias a la manipulación de su material genético vegetal, microbiológico o animal y a la incorporación de elementos biológicos de distinta procedencia y organismos vivos, el ganado, hortalizas y productos comestibles "de diseño" tienen propiedades que originalmente no les proporciona la naturaleza.
Mientras alarman a las asociaciones de consumidores y ecologistas, que temen su impacto a largo plazo en la salud y el medioambiente, aunque no preocupan a los científicos, que defienden sus beneficios y señalan que la manipulación de los alimentos es tan antigua como la humanidad, algunos de estos productos ya están en la estanterías de los supermercados de algunos países y otros se preparan para seguir el mismo camino.
La evolución más radical de la alimentación llega de la mano de la biotecnología y sobre todo de la ingeniería genética, la cual consiste en identificar, recortar y pegar información genética procedente de células de distintos seres, obteniendo plantas, microorganismos y animales transgénicos, que se denominan "quimeras".
La ingeniería genética no sólo protegerá a las plantas sino a quienes las consumen, ya que la inmunización contra algunas enfermedades infecciosas podrá efectuarse a través de la dieta.
Los investigadores están desarrollando o experimentando plantas comestibles que produzcan de forma natural sus propios fertilizantes, que soporten las altas temperaturas del trópico como el frío extremo de los polos.