NO ES NOVEDADque en Panamá gozamos de una fauna y una flora privilegiada. Gracias a nuestra latitud tropical y a una formación geográfica sin igual, los recursos naturales del país son abundantes e impresionantes.
La comunidad científica internacional, bajo el liderazgo del Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, en inglés), y de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), ha realizado, desde hace mucho tiempo, investigaciones de todo tipo cuyos resultados han aportado enormemente al canon científico mundial.
Desafortunadamente, hasta ahora no ha existido un vínculo suficientemente concreto entre la importante realidad científica panameña y el público en general, y la vías de comunicación se han mantenido angostas. En su mayoría los panameños no conocen ni los acontecimientos científicos locales ni las personas responsables de llevarlos a cabo.
Tampoco conocen la importante labor de capacitación de personal científico panameño que aquí se realiza. Todos esto no sólo es por falta de conciencia, sino también por falta de información.
Esta falta de información ha llevado a generalizaciones incorrectas sobre la ciencia en Panamá. La mayoría de las investigaciones que se llevan a cabo en Panamá son para beneficio del país, no así como comúnmente se piensa, para exprimir la biodiversidad nacional y exportar el producto.
El Dr. Todd Capson, investigador del STRI, nos cuenta que aquí se han hecho grandes avances en el estudio de enfermedades tropicales típicas de nuestro país, tales como el dengue, la lechmaniasis y la malaria. Cita como ejemplo al científico panameño Eduardo Ortega de la SENACYT, quien desarrolló un método para estudiar el mosquito que trasmite la malaria sin la necesidad de usar equipos radioactivos sumamente caros y complicados. De esa manera le ha dado la oportunidad a países como el nuestro, que no cuentan con presupuestos ilimitados, de encontrar la cura para esta enfermedad mortal.
El Dr. Capson resalta la importancia de crear incentivos para la conservación de nuestra riqueza natural ya que es "una biblioteca viva" de donde, con los mecanismos de protección adecuados, podremos obtener conocimientos sumamente valiosos.
Y es que, como explica el científico, la idea es usar la naturaleza para adquirir conocimiento. Es decir, si se encontrase en un coral, por ejemplo, una cura para una enfermedad, la idea no sería cosechar el coral, sino reproducir la manera que el coral usa para protegerse. De la misma manera, valerse de todos los recursos naturales que ofrece el país para la investigación científica.
Pero las investigaciones en Panamá no solo han aportado a la medicina, sino que acaparan distintos y diversos campos científicos. En la isla de Barro Colorado situada en el Canal, uno de los hábitat más estudiados del mundo, se llevan a cabo estudios sobre la mímica animal, diversidad genética entre especies, y la atmósfera , para citar algunos ejemplos.
Pero por más impresionante que sea, nuestra riqueza natural es sumamente frágil y depende de nuestra capacidad de conservación. El primera paso es la concienciación sobre el valor de nuestros recursos naturales, que no sólo sirven como una cornucopia de información científica, sino que también tienen el potencial de aportar económicamente al país a través un turismo ecológico bien desarrollado.
Depende de todos los panameños la creación de una cultura de conservación de la naturaleza y una de entendimiento científico. Tenemos un tesoro que nos rodea y seguir ignorándolo es continuar ignorando una parte de lo que somos y, sobretodo, de lo que podemos ser.
Panamá, biblioteca viva
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autor
Diego A. Galindo
Fecha y hora de publicación