En vísperas de que se celebre en México el IV Foro Mundial del Agua, previsto entre el 16 y el 22 de marzo, y en el que se debatirá, entre otras cuestiones, la de la contaminación de la fuentes hídricas, Suiza presentó un nuevo sistema de vigilancia de las aguas.
Ese sistema permite detectar de manera más segura la presencia de productos tóxicos mediante el uso de las llamadas "pulgas de agua", unos pequeños crustáceos de agua dulce con forma de lenteja y de nombre científico "daphnia".
Según los servicios industriales de Zúrich, esos pequeños crustáceos de agua dulce son "mucho más sensibles" a la presencia de materias contaminantes y a sus variaciones mínimas que los sistemas electrónicos de detección.
El banco genético está ubicado en Manchester, Inglaterra, y se calcula que ha costado unos US$100 millones.
Para el proyecto, los voluntarios -que son unos 3.000 en la primera fase- tendrán que dar una muestra de su ADN y responder preguntas sobre su actual estado de salud y su estilo de vida.
Posteriormente, los investigadores llevarán un registro durante varias décadas de la salud de los participantes.
Esta información estará disponible para científicos y compañías privadas que desean descubrir la relación entre el estilo de vida, los "genes" y las enfermedades que se dan.
"Los interesados podrán analizar esta enorme base de datos sobre información médica, estilo de vida, lugar de residencia de la persona" explicó a la BBC Mark Walport, director de Wellcome Trust, uno de los organismos que financia el proyecto.
"Podrán comparar esta información con las enfermedades que la persona padece y los genes que porta y podrán relacionar todos estos datos para encontrar nuevas claves sobre la salud y las enfermedades" indicó Walport.
La confidencialidad de los participantes, subrayan los investigadores, será protegida durante todo el tiempo que dure el proyecto.
Y el biobanco será monitoreado tanto ética como científicamente por organismos independientes.
El proyecto, sin embargo, no ha estado exento de controversia.
Varios investigadores médicos indican que será muy difícil seguir un registro preciso de los factores de vida como la dieta y el ejercicio de 500.000 personas.
Como resultado, dicen, el estudio será superficial y podría encontrar falsos vínculos entre los genes y la enfermedad.
Pero el profesor Rory Collins descarta esas críticas ya que, dice, el proyecto pondrá un mayor énfasis en obtener información correcta sobre los factores del estilo de vida.
"Estoy al tanto de las críticas desinformadas", señala, "pero hasta ahora no he escuchado críticas informadas".