El análisis muestra que los ecosistemas que generalmente absorben el dióxido de la atmósfera pueden en el futuro producir más de lo que absorben, lo que contribuiría al llamado efecto invernadero.
El verano de 2003 fue mucho más caluroso de lo normal.
El aire caliente, más ligero, se eleva, aspirando la humedad del mar y creando nubes.
En su camino ese aire caliente se enfría rápidamente y libera una gran energía que a su vez calienta más aire a su alrededor y los vientos remontan en altura y dan a las nubes un movimiento en espiral.
La presencia de una perturbación, como vientos convergentes, succiona más aire caliente de la superficie y los vientos comienzan entonces a girar y la maquinaria del ciclón está en marcha.
Un ciclón se llama "depresión tropical" cuando sus vientos máximos sostenidos (durante un minuto) llegan a 62 km/h (39 mph); luego se convierte en "tormenta tropical", reciben un nombre, y queda en esa categoría hasta que sus vientos llegan a 119 km/h (74 mph). De ahí en adelante es un huracán.