Previendo la furia de los volcanes

Históricamente, los terremotos y las inundaciones han causado más muertes, pero los volcanes siguen siendo una amenaza aterradora. Y aunque usted no lo crea, los volcanes son la dramática y letal consecuencia del enfriamiento del ardiente centro del planeta.
Los científicos han avanzado en la predicción de la peligrosidad de los volcanes. Y eso depende fundamentalmente de una solo aspecto: el monitoreo.
En Panamá hay dos volcanes activos: el Barú (Chiriquí) y la Yeguada en Chitra de Calobre, que podrían hacer erupción en un futuro, pero no hay manera de determinarlo, porque el monitoreo que realiza el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá no es suficiente, señaló el director del instituto, Eduardo Camacho.
Explicó que únicamente se monitorea el Volcán Barú con una sola estación sismológica para toda la región alta de Chiriquí, cuando por lo menos deberían ser tres. En cuanto al Volcán de Calobre, no hay quien lo vigile debido a la falta de fondos.

La parte positiva frente a este panorama es que el Volcán Barú no hace erupción desde 1546, es decir, desde hace 460 años; y el volcán de la Yeguada desde 1700, pero lo desalentador es que los dos no se pueden considerar muertos, sino en reposo.
Por ello es urgente que el Instituto cuente con más equipo, ya que la erupción de un volcán se puede predecir a diferencia de los terromotos. Empieza a manifestarse a través de la ocurrencia de sismos de baja frecuencia, la emisión de fumarolas, ciertos tipos de sismos con señales de tornillos.
Todo es un proceso que, después de varios años, resulta en una erupción debido a que el magma va ascendiendo lentamente hacía la superficie, originando cambios en el aparato volcánico.

Según informes de Geociencias, cuando el magma caliente sube hacia la superficie de la tierra, surgen burbujas de gas. Si el magma es como agua, el gas puede escapar fácilmente y no se produce una explosión. Los volcanes de Hawai y el Etna se encuentran dentro de esta categoría.
Lo que los caracteriza es que de ellos emanan torrentes de lava caliente, que corren por las laderas de las montañas, como ríos de fuego. Éstos son los menos peligrosos de los dos tipos de volcanes, pues el camino por el que fluirá el magma es predecible.
Pero, cuando el magma que sube dentro del volcán es espeso como el dulce de leche, las burbujas de gas no pueden escapar., la presión aumenta y, eventualmente, el magma hirviendo explota.
Este tipo de erupción es mucho menos predecible y, por eso, más peligrosa. Las legendarias explosiones del Vesubio de Pompeya, el Monte Santa Helena, el Pinatubo, el Monserrat y el Monte Usu fueron de este tipo.
Cuando el magma sale expedido por la boca del volcán, las paredes pueden desestabilizarse y caer causando un derrumbe. Un efecto parecido al de destapar una botella de champaña, agitando violentamente la botella, en vez de sacar el corcho con delicadeza.
El resultado pueden ser explosiones que lanzan a la atmósfera nubes de ceniza, gas y rocas. Conocidas como nubes ardientes, incineran todo lo que se les cruce por el camino.

 

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240639
autor
Aleida Samaniego C.
Fecha y hora de publicación

Edición Impresa

Lunes 29 de junio de 2026