"Por favor, identifíquese", se escucha desde el interior del robot, con una voz que parece de La Guerra de las Galaxias.
Pero por suerte el pequeño robot no tiene ningún rayo fatídico ni un micro misil, como se encargó de aclarar, tranquilizadoramente, uno de los encargados de la firma Robowatch.
En su lugar, el robot envía un mensaje de alerta a un monitor que controla otro empleado de la firma. En el monitor puede verse uno mismo.
"También podría verlo en la oscuridad e incluso al otro lado de la pared", aseguró Benjamin Stengl, el encargado de hacer el recorrido por el mundo de Robowatch.
Los robots envían los datos de su vigilancia a una central, donde la información será evaluada.
Este robot llamado MOSRO es el encargado de la vigilancia en espacios cerrados. En su parte superior tiene un lector de huellas digitales, con el que cada persona que se encuentra a su paso en áreas de seguridad debe identificarse.
MOSRO se ve como un extinguidor de incendios con una cabeza de luz tipo patrulla policial. Mide cerca de 1, 50 metros.
Uno de sus parientes, llamado OFRO y que parece una suerte de tanque con mástil, será el encargado de patrullar los espacios al aire libre.
Ambos están equipados con un sistema de comunicación que envía los datos de su vigilancia a una central, donde la información puede ser evaluada. Los dos robots serán los encargados de prestar seguridad en los estadios del mundial en Alemania.
Pero la carencia de debilidades humanas no es la única ventaja que tienen los robots sobre sus colegas de carne y hueso.
"OFRO está equipado con detectores que identifican armas atómicas, químicas y explosivos", explica orgulloso Stengl, "y poseen una autonomía de 12 horas; cuando perciben que se les acaban sus baterías, van ellos mismos a una estación de recarga".
Esconderse de los robots es imposible, porque sus detectores identifican en un rango de 360 grados los contornos y el calor del cuerpo, y también poseen un radar que puede percibir movimientos detrás de paredes hasta una distancia de 30 a 100 metros.
Cada uno de estos "robocops" cuesta unos $100 mil, pero el gobierno alemán espera poder alquilarlos por unos $4 mil mensuales para minimizar cualquier posible ataque terrorista. Habrá que ver cómo los miles de aficionados reaccionarán a la presencia de estos dos seres patrullando los estadios. "Son muy simpáticos", "lo único que hacen es detectar peligros, pero no tienen ninguna función ofensiva".