"Es la primera vez que alguien ha reparado, por medios biológicos, el sentido auditivo de animales", afirmó Yehoah Raphael, de la Universidad de Michigan, quien encabezó el equipo nipón estadounidense que desarrolló la técnica.
La pérdida gradual, parcial o total de la capacidad de oír, afecta a millones de personas cada año en todo el mundo, y puede deberse a la destrucción de células capilares en el oído interior por la exposición a ruidos demasiado fuertes, el uso de ciertos antibióticos o, simplemente, la edad avanzada.
En la cóclea, la parte del oído interior que registra el sonido, las células capilares actúan como microscópicos micrófonos que capturan las vibraciones sonoras del fluido en el oído y transforman el movimiento en señales nerviosas.
Después del tratamiento, los expertos usaron sensores con electrodos.
"Aunque no podemos precisar el aumento en el riesgo de desarrollar cáncer, estos hallazgos recalcan la necesidad de que las autoridades tomen las medidas necesarias para proteger a los niños de estas exposiciones que son evitables", señaló Perera.
Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs), en donde el benzopireno es el miembro más representativo, son contaminantes que masivamente son lanzados al aire por los vehículos de transporte, en la generación de energía y por otras y diferentes fuentes de combustión, mediante la incompleta quema de material orgánico.