Los domingos, y a diferencia de Panamá, los museos se encuentran abarrotados por niños y adultos.
Y es que en este museo, uno de los más fabulosos que hay en esta gran ciudad, hay centenares de artefactos originales, históricos en exhibición que relatan la gran hazaña del hombre por conquistar los cielos y el espacio.
Allí podrá encontrar el Spirit de St. Louis que piloteó Charles Limberg en 1927, hasta un módulo del Apolo 11.
También tienen una muestra de roca lunar que los visitantes pueden tocar y un sinnúmero de elementos con los que usted podrá disfrutar de una gran carrera en la que el ingenio humano no parece tener límites.
Pero esto no es todo, ya que este museo ofrece 22 galerías de exposición.
En una de ellas está el Planetarium Albert Einstein donde se realizan dos demostraciones diarias, que lo invitan a realizar un viaje expreso al universo en tan sólo 22 minutos, a través de un cabina que simula el movimiento del Cosmos.
Una galería preferida para los niños es aquella que muestra cómo funcionan los artefactos, ya que pueden hacer demostraciones y disfrutar de más de 50 dispositivos interactivos que ofrece la instalación.
Para los amantes de la aviación no hay nada más emocionante que experimentar la historia del aeroplano que se describe paso a paso con 170 artefactos relacionados a los ensayos que hicieron desde 1903 los hermanos Wright .
La historia de la exploración humana del espacio se detalla en dos exposiciones que muestran la competencia americana y soviética por llegar al espacio. En esta área se encuentran en exposición la estación espacial de reserva de Skylab.
En cuanto a los esfuerzos por llegar a la luna, son narrados en la exposición de "Apolo a la luna", donde se muestran los equipos originales usados en el espacio por Neil Armstrong y Aldrin.
Además de la colección de artefactos, el museo ofrece varias exposiciones que describen cómo es la tierra y los estudios planetarios que se han realizado.
Esto con la finalidad de que los visitantes puedan entender cómo funciona el planeta, ya que se muestran imágenes satelitales en una gran exposición fotográfica.
En otra exhibición, hay una reproducción de la nave espacial de Voyager que viajó a los planetas: Júpiter, Saturno, Uranus, y Neptuno.
Antes del salir del museo hay que visitar una sala especial que muestra los diversos métodos usados por el hombre para observar los cielos a través de los siglos. En esta exhibición se encontrará con los telescopios que usaba Galileo Galilei y finalmente los telescopios digitales.
Se ha preguntado usted: ¿porqué los astronautas usan trajes blancos?
Los astronautas emplean trajes de color blanco por una sencilla razón: mientras el color negro tiende a absorber las radiaciones solares, el blanco las refleja.
Por ese motivo se eligió el blanco en los trajes espaciales, para que los astronautas pudieran realizar los trabajos de montaje, reparación, mantenimiento, etc. fuera de la cápsula o de la estación espacial sin el peligro que representa estar expuestos a las radiaciones cósmicas directas.
Aunque para la confección de los trajes espaciales se utilizan siempre materiales de protección contra las radiaciones, el hecho de ser además de color blanco hace que éstas se reflejen mucho mejor. De esa forma el astronauta presenta mayor protección a las altas temperaturas a las que se ve sometido cuando abandona la cápsula o estación y sale al espacio cósmico.
Otra razón secundaria es que ese color resalta mucho más que cualquier otro contra el fondo negro del cielo, tal como realmente se presenta en el espacio exterior, por lo que el astronauta se hace más visible para sus acompañantes en el "paseo espacial" y para los que se quedan dentro de la cápsula o la estación.
Sin embargo, para trabajar o descansar en el interior de dicha cápsula o estación, el traje puede ser lo mismo blanco, azul, naranja o de cualquier otro color.
El empleo del color blanco para reflejar las radiaciones solares resulta muy común en la tierra y en el mar.
De hecho los camiones y los barcos frigoríficos se pintan de blanco con la intención de proteger la carga de las radiaciones del Sol y, por tanto, del posible deterioro que pueda ésta sufrir debido a las altas temperaturas que tienen que soportar durante la transportación.