Los investigadores indicaron que al usar dos genes diferentes al mismo tiempo se disminuyen las probabilidades que los insectos puedan desarrollar mecanismos de resistencia contra las plantas genéticamente modificadas.
Los investigadores probaron las plantas modificadas al exponerlas a orugas de la polilla "diamondback" (Plutella maculipenis).
Todas las plantas demostraron cierta resistencia contra las orugas, aunque en intensidades variantes.
Estas orugas, amenazas persistentes en sembraderos en América Latina, Asia y África, han desarrollado defensas contra múltiples pesticidas disponibles.
También se conoce que estas orugas están empezando a resistir a las plantas "Bt" que han sido genéticamente modificadas para producir una toxina que mata a insectos pero que es inofensiva para aves y mamíferos.
Para superar este problema, el equipo chino liderado por JingxueWang del Centro de Investigaciones de Agro-Biotecnología de la Provincia de Shanxi, incorporó dos genes a la misma vez.
El gen del escorpión asiático (Buthus martensii) produce un veneno que ataca específicamente el sistema nervioso de insectos y causa parálisis, mientras que el gen de la polilla de tabaco tipo hawkmoth (Manduca sexta) produce un químico que disuelve la quitina, un componente importante de la estructura corporal de los insectos.
Los investigadores indican que la estrategia podrá minimizar la capacidad que los insectos puedan desarrollar una resistencia contra las plantas.
Eric Messens, profesor de genética molecular en Flanders Interuniversity Institute for Biotechonogy en la Universidad de Ghent, Bélgica, advierte que algunas toxinas de escorpiones que eran consideradas amenazas solamente contra insectos pueden afectar también a mamíferos.
Expresó que estudios detallados deben conducirse para verificar si las toxinas producidas por las plantas genéticamente modificadas afectan la salud humana.
Otra preocupación sobre las canolas genéticamente modificadas es que los insectos o el viento transporten el polen de estas plantas hacia plantas que no han sido modificadas.
Gerhard Schwarz, investigador de la compañía alemana EpiGene, quien publicó un estudio hace dos años sobre la planta de canola modificada en el European Journal of Agronomy asegura que éstas pueden coexistir sin riesgo alguno con plantas convencionales y orgánicas.