Cualquiera quedará enamorado de Contadora al conocerla. Los moradores lo afirman cuando reconocen a un forastero que viaja en el ferri, y así será, porque al regresar quedarán convencidos de que tenían la razón.
Una sola palabra la define: mágica; un sitio donde muchos se esconden, pero no de algo o de alguien, sino que se trata del refugio natural favorito.

Para parejas y recién casados es un excelente destino; para las familias que aman el sol es el lugar indicado para que los niños corran y se diviertan libremente.
Contadora es diferente, porque allí son escasos los autos. Allí todos se transportan en carritos de golf, no hay semáforos y sus calles son pequeñas, pero amplias para estos tipos de auto.

Su historia es encantadora. Dicen algunos de sus habitantes que su nombre se debe a que fue el lugar donde los españoles contaban las perlas de sus operaciones de recogida en Panamá, antes de enviarlas a España.
Un hombre panameño se encargó de darle vida a esta isla, proporcionándole luz eléctrica y agua potable.
Este caballero fue Gabriel Lewis Galindo, y un busto ubicado en el parque del centro manifiesta la gratitud del pueblo por su amor a esta isla del pacífico.
Se dice que compró 110 hectáreas de isla al Gobierno panameño en 1968, construyó una suntuosa mansión para su familia y se propuso la idea de desarrollarla turísticamente.
¿Qué ver?
En Contadora además de bañarse en sus maravillosas playas, salen de allí excursiones de pesca y buceo.
Justo en la entrada de la isla se encuentran dos locales que se encargan de organizar estos paseos en grupo, cuyo costo puede estar iniciando en unos $60.
Hay una playa para nudistas, donde solo se podrá ingresar despojándose de la vestimenta, eso sí, no se aceptan curiosos.
Además está la playa Ejecutiva, con un parque con estructuras parecidas a las de Marruecos, y está Playa Larga, la que una vez fuese el principal atractivo del antiguo Hotel Contadora.
Hoy día, este sitio, el que fuera el mejor hospedaje en los años 70, guarda tristemente solo el recuerdo junto al barco que trasladaba a turistas y que una vez fue abandonado, y que el tiempo lo deterioró en su orilla.
Sin embargo, el lugar brinda un ambiente espectral que llama mucho la atención, tanto, que en la noche muchos se quedan rondando el sitio en busca de fantasmas.
A las demás playas solo se llega en lancha y son poco concurridas, pero suelen ser el escondite perfecto para las parejas.
De piratas a famosos
Otro atractivo es recorrer las casas de playa de famosos, políticos y gente adinerada.
Según nos contó un morador, en Contadora se le ha visto pasear al cantante Julio Iglesias, a Elisabeth Taylor, John Wayne y Mario Moreno "Cantinflas" en la década de los 70.
Para los meses de agosto hasta octubre aumentan los viajeros, especialmente turistas naturalistas que buscan ver las ballenas jorobadas.
Lo ideal es alquilar un bote que tarda dos horas siguiendo a estos cetáceos.
Contadora no cuenta con una vida nocturna como la que se encuentra en la ciudad, pero sí puedes tomarte unos tragos en el bar Blandy, en la entrada de la isla, o llevar botellas de vino y disfrutar de las estrellas.
Hay dos opciones para viajar a Contadora; la primera es viajar y hospedarte en algún alojamiento, y pasar unos tres días en la isla.
Además del hotel The Point, puedes reservar un cuarto en otro hotel más pequeño, como Casa del Sol, a unos $50, o en el Contadora Island Inn, donde cuesta unos $100.
La otra alternativa es pasar un día y viajar en el ferri, que sale del muelle a las 8:00 a.m. y de Contadora a las 3:30 p.m. Todos los días.
Además, puedes viajar en avión desde el aeropuerto Marcos Gelabert, en Albrook, que tiene vuelos diarios desde las 8:30 a.m.