Fuera de Panamá, el Parque Internacional La Amistad (PILA) es célebre por dos razones; por la armoniosa administración que de él han hecho Panamá y Costa Rica y por ser un centro mundial para el avistamiento de aves.
Recorrer sus 207,000 hectáreas no es tarea fácil. Allí la aventura inicia con una breve charla, de parte del guardaparques; una advertencia para hacer disuadir a los escrupulosos, ya que se deja claro que al menos cinco especies de felinos y algunos reptiles rondan por sus senderos.

Lo que no se deja dicho y descubrimos más adelantes es que la vegetación del lugar es particularmente hermosa y va de gigantescas hojas (conocidas como “paraguas de pobre”) a brillantes flores que aportan color al bosque húmedo.
Mientras se avanza, camino a La Nevera, el punto más alto del parque, ubicado a 2,500 metros sobre el nivel del mar, conviene aguzar el oído, pues los sonidos de cascadas y el canto de las aves se dejan sentir con mayor intensidad.

Es lo que atrae a los “pajareros”, como los locales les llaman a los observadores de aves quienes viajan grandes distancias para caminar los senderos del PILA; un desafío agotador, pero con satisfactorios resultados.