Pocas veces había sentido tanta emoción en los últimos kilómetros de un viaje. Conforme el autobús se acercaba a la isla y se distinguían mejor las estructuras de la misma, no podía dejar de esbozar una sonrisa. Finalmente, tras muchos años de anhelarlo, mis ojos iban a contemplar el mágico Mont-Saint-Michel. Un buen amigo fue quien inspiró esta obsesión en mí, al comentarme que su lugar favorito en Francia era este monasterio medieval que ocupa la mayor parte de una isla en la costa de Normandía.
El frío invierno normando y sus lluvias no nos daban tregua, pero el monte es especialmente fascinante en esa época del año. La bruma le daba un aire misterioso y podía imaginarme lo dura que habría sido la vida para los monjes en la Edad Media, mientras el viento rugía al pasar por las callejuelas del pueblo. Además, dado que el Mont-Saint-Michel es uno de los monumentos más visitados de Francia, en invierno no hay que luchar con las hordas interminables de turistas que con el buen tiempo lo asedian como los ingleses durante la Guerra de los Cien Años.

Al visitar la maravilla, la parte de la abadía donde vivían los monjes, me deleité con el magnífico claustro que cuenta con una parte abierta al mar, desde donde se puede ver el islote de Tombelaine. En ese momento deseé que fuera verano para poder realizar el recorrido a pie por la bahía desde el monte hasta Tombelaine. Estas rutas son muy populares y requieren contratar a un guía especializado, pues caminar por la arena de la bahía es muy peligroso para quienes no la conocen.
Mientras me alejaba del Mont-Saint-Michel no pude evitar detenerme con frecuencia para fotografiarlo. Se veía precioso desde cualquier punto en el camino. Una vez que lo dejé completamente atrás, suspiré. Había cumplido parte de mi sueño, pero no lo había completado. La próxima vez debía alinear mi viaje junto con las mareas, el famoso fenómeno durante el cual la isla está completamente rodeada de agua del mar y se aprecia una vista aún más magnífica del monte. Mientras tanto, me quedan mis recuerdos y unas espléndidas fotos. Por lo menos ya no es un simple anhelo.
