El río La Villa crecía, y en su afán por tomar terreno arrastraba las piedras hasta el pueblo, por ello fue muy popular en tiempos de la colonia española, ya que sus calles contaban con un gran atractivo: estaban empedradas.
Así fue y aún se mantiene un lugar dedicado a conservar estas calles, como también las costumbres de los antepasados, implementos de la cocina y muchas anécdotas y leyendas, el cual está ubicado en la parte posterior del Museo de la Nacionalidad.

En La Villa hay una casa hecha de ladrillos que fueron pegados con algún material (cal y canto) fuerte, macizo y durable, traído por los españoles en el siglo XVIII.
En este pequeño, pero gran tesoro histórico existen elementos que se usaban para cocinar. Por ejemplo, el zarzo donde se conservaba la comida, arriba del fogón.

Hay un horno hecho de tierra con paja de arroz en el que se horneaban los panes y dulces.
Mucho de lo que ahí está ha sido donado por los moradores, pero otros artefactos han sido creados para ser recordados.

La cocina tradicional panameña también forma parte del Museo de la Nacionalidad diagonal a la iglesia de San Atanasio, a un costado del parque Simón Bolívar.
