De a poco, el Caffe Per Due se ha convertido en un lugar emblemático del Casco Antiguo. Tienen un buen número de comensales adeptos que en cuanto entran al lugar -ubicado entre Avenida A y Calle Tercera- saludan a los que llegan al lugar, saludan al personal por su nombre y piden “lo mismo de siempre” o le preguntan al chef por las novedades.
Es perfectamente comprensible en un lugar, cuyas puertas permanecen abiertas para recibir clientes o amigos que pasan a saludar en los múltiples lenguajes del Casco Antiguo; en inglés, francés, italiano...

El restaurante es regentado por Manuela Rosetti, una italiana nacida en la región de Emilia Romaña (Emilia Romagna) y enamorada del Casco Antiguo; con verdadera pasión por la comida tradicional.
Recientemente, tomó la decisión de renovar el local, una tarea difícil cuando el sitio es seguido por los comensales, precisamente, por su atmósfera casera. La propietaria lo resolvió de manera ejemplar, pintando las paredes de “after eight” (menta/chocolate) para no perder la esencia gourmet. Y como punto focal, una entrañable foto de Ruth Orkin.

Para comprobar si el menú seguía siendo el mismo, pese a la renovación, pedimos una de las nuevas adiciones, la pizza Emilia, con prosciutto y vinagre balsámico.
No solo se percibe en la misma aquel sentido de lo natural, fresco y casero; su inigualable sabor italiano hace que sea fácil saber por qué se ha convertido en un plato emblemático en el menú del Caffe Per Due.

Y para terminar, algunos de los postres que atraen desde la vidriera y que se muestran tentadores, incluso desde la acera.
El suspiro de chocolate y la cioccolatina, por ejemplo, son poderosas razones para volver a la acogedora esquina, ubicada en la Avenida A del Casco Antiguo.