La informalidad no es una enfermedad incurable que irremediablemente padece América Latina y el Caribe. Es el resultado, en parte, de los diseños originales de los sistemas de previsión social, de los incentivos que el Estado proporciona en los mercados de trabajo, y de la valoración que trabajadores y empresas tienen acerca de los beneficios de la formalidad. Y todo ello se puede modificar.
Para hacerlo, hay que entender cuáles son las restricciones que impiden que se genere trabajo formal y poner en marcha las políticas necesarias destinadas a liberar esas restricciones, como los de integralidad, eficiencia, transparencia o innovación.
Especialista Líder y Coordinador de Pensiones del BID
La baja cobertura previsional en América Latina y el Caribe se debe, en gran medida, a la incapacidad del mercado laboral de generar empleos formales, empleos que les permitan a los ciudadanos aportar a los sistemas previsionales. De esta incapacidad ha surgido en la región un nivel significativo de informalidad, que ha impactado directamente los niveles de cotización al sistema.
De acuerdo con Bosch, Melguizo y Pagés, seis de cada diez trabajadores no están ahorrando nada para su pensión, es decir son informales. El análisis diferenciando por género sugiere que las mujeres son quienes están siendo más afectadas por esta realidad.
Aunque, dentro de la población ocupada, las mujeres cotizan virtualmente igual que los hombres (el 45% de las trabajadoras son formales), la tasa de participación en el mercado laboral es muy diferente. Mientras que el 83% de los hombres hace parte del mercado de trabajo, solamente el 56% de las mujeres lo hace.
Tasa de participación de hombres y mujeres
Sin embargo, la informalidad y la baja participación laboral no son incurables, es la alerta para que los incentivos proporcionados a los trabajadores, tanto mujeres como hombres, sean ajustados.
Ello compromete no solo el sistema de pensiones, sino también el resto de programas sociales, el sistema tributario y la regulación del mercado laboral. El ejemplo de Bono por Hijo en Chile, un aporte a la pensión de las madres chilenas por cada hijo nacido vivo o adoptado, el cual no es recibido al momento del nacimiento sino junto con su pensión, y el Programa de Estancias Infantiles para apoyar a madres trabajadoras y/o en busca de trabajo en México, que cubre los costos de cuidado infantil, son iniciativas en esta línea de favorecer la participación laboral femenina.
En general, la región requiere cambios en los sistemas de protección social, pero no de cualquier índole; se necesitan reformas globales, integrales, eficientes, transparentes e innovadoras. De lo contrario, la formalidad y productividad de mujeres y hombres, la eliminación de la pobreza en la vejez y una calidad de vida digna de aquellos que dejan de trabajar no tendrán cabida en el futuro de nuestra región.
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Tu Empleo/7 de julio
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