Tal vez te lo ha dicho tu abuela toda la vida, te lo contó la vecina del quinto, lo has leído en internet, escuchado en la radio de boca de un gurú pseudomédico, o lo han comentado en la tele en ese programa tan conocido sobre salud que nos enseña a vivir cada mañana. El caso es que, generación tras generación, mantenemos vivos como dogmas lo que en realidad son una serie de mitos nutricionales, sin preocuparnos demasiado por contrastar su veracidad, según el sitio El Comidista.
Vivos, pero también como pollos sin cabeza, todo hay que decirlo. Su sola omnipresencia, el estar en boca de todo el mundo y formar parte del imaginario popular desde hace muchos años, parece ser la única garantía para tomarlos por verdaderos. Pero muchas veces se trata de una falsa veracidad, o de teorías que tienen un punto de conexión con la realidad pero en la versión popular están tremendamente exageradas.
Hay que recordar siempre que no basta con que algo suene bien o más o menos lógico para que sea verdadero. Repasemos un mito nutricional más frecuente y veamos que hay de cierto –si es que hay algo– en este. Aviso: es posible que después de esta lectura acabes discutiendo sobre algunos de estos mitos con tus padres, tíos o abuelos por llevarles la contraria respecto al vaso de leche milagroso o la dieta de plancha y lechuguita. Tú tendrás la razón, pero perderás igualmente. Ánimo.
El desayuno es la comida más importante del día
Claro que sí. En este orden de simplezas y con los mismos argumentos (es decir, ninguno) podríamos decir que Darth Vader es el villano más malo de todos los tiempos, peor que Cruella de Vil o Voldemort. Sé que es difícil abstraerse ante aquellos mensajes relativos al desayuno que tenemos grabados casi a fuego en nuestra conciencia, pero ni es la comida más importante del día, ni es una ayuda per se para adelgazar, ni existe un desayuno ideal.
Pensar que es la más importante dejaría en muy mal lugar a otras ingestas que realizamos a lo largo del día. Que el desayuno sea un elemento protector frente a la obesidad es cuando menos una presunción, tal y como se ha puesto de relieve en diversos estudios y revisiones sobre el tema, por ejemplo este de aquí o este otro (página 10). Y hay tantas posibilidades de plantear un desayuno ideal como una comida o una cena ídem: es decir, infinitas. Ha sido cierta industria alimentaria la que nos ha intentado convencer de cómo han de ser nuestros desayunos ideales, cuando lo ideal para ellos es que nosotros desayunemos con sus productos.
Si existe un conjunto de alimentos saludables en su naturaleza, lo van a seguir siendo independientemnte de la hora a la que los tomes. No dejes por tanto que la dictadura de la publicidad te marque qué es ideal para tu desayuno (sea cuando sea que lo lleves a cabo). Tienes un resumen sobre los mitos del desayuno en este post y en este otro. Y plantéate la posibilidad de que si tu desayuno no se parece al que sale en esos anuncios tan ideales, posiblemente estés ante un mejor desayuno.
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Redacción / @PanamaAmerica
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